jueves, 18 de febrero de 2010

Sensei no Kaban


Fuente: Manga News

Se oscurece el mar.

Las voces de los patos,

son vagamente blancas
Basho


Por alguna razón los traductores o los editores en castellano colocan títulos a las obras que por vendedores hacen que la obra pierda el significado original del autor. El caso más patético se ve en el cine, donde algunas películas quedan sepultadas bajo un nombre infame.

Sensei no Kaban, es el título original de la novela de Hiromi Kawakami llamada en castellano como El Cielo es Azul, La Tierra Blanca Una Historia de Amor (Acantilado, 2009). Consulté con un amigo japonés sobre el significado del título: me confirmó lo de sensei, que es maestro, pero me sorprendió acerca de kaban, que no solamente significa maleta, como se mencionó en otras reseñas del libro, sino que da la idea de todo contenedor de objetos personales. Tal aclaración me hizo pensar en la riqueza semántica de ciertas palabras en determinado idioma y como presentan una gran dificultad durante la traducción. Caso parecido es el de la novela Der Vorleser de Bernhard Schlink, traducida como El lector pero que significa en realidad: El que lee en voz alta.




La lectura de esta novela me transportó a un jardín de cerezos a recrear la historia de amor entre una joven y su antiguo maestro para mostrarnos los imbricados caminos del enamoramiento.





Oficialmente se llamaba profesor Harutsuna Matsumoto, pero yo lo llamaba "maestro". Ni "profesor ni "señor". Simplemente, maestro. Me había dado clases de japonés en el instituto. Puesto que no fue mi tutor ni me entusiasmaban sus clases, no conservaba ningún recuerdo significativo suyo. No había vuelto desde que me gradué.



La historia, narrada en primera persona por la protagonista, Tsukiko Omachi, se inicia con el reencuentro en una taberna de el ex profesor y la ex alumna, dos adultos solitarios. A medida que pasan los minutos ella descubre, y acaso también él, que tienen los mismos gustos. Desde entonces se suceden encuentros que perfilan la personalidad de los personajes. Él una persona mayor, rígido en sus costumbres, con un permanente aire didáctico, que en casa adorna su soledad con decenas de artilugios. Tiene la clara intención de abrigar su presente con el remanente del pasado. Un ejemplo de ello es la memorable escena de las pilas oxidadas, cada una lleva una leyenda pegada que denota la función que desempeñaron mientras eran útiles: en una calculadora Casio, en una linterna durante el tifón de la bahía de Ise, en una radio, etc. Para el Maestro, los recuerdos se cosifican y adquieren vida propia mas allá de su propio presente, pero existe uno, tan grande como el mar, tan encrespado como sus olas, que está activo y golpeando su monolítica soledad.




Tsukiko, en cambio, una distraída alumna de japonés en su momento, hoy es treintañera, soltera y solitaria. bebe sola, se emborracha sola, se divierte sola. Vive para trabajar y hace un tiempo ha dejado los viajes internacionales con las amigas, acaso por agotamiento o porque todas ellas hicieron sus propias vidas. Entonces, la vida de Tsukiko adquiere el anodino tono del presente: trabajar, comer, beber, dormir. Entre esos momentos le quedan espacios de introspección acompañada de la melancolía del crepúsculo.




Encuentro tras encuentro, no necesariamente diario ni siquiera semanal, en una taberna y acompañados de botellas de sake y platos en base al sillao ambos atraviesan las barreras que franquean sus vidas, que como papel de arroz se abren blandas, y muestran sentimientos escondidos y rotulados, recuerdos anotados como las pilas oxidadas del Maestro Matsumoto. Él, propina coscorrones conceptuales a Tsukiko con la intención de enseñarle algo más que lecciones olvidadas del instituto: el reconocimiento de variedades de setas, el significado del karma o las interpretaciones de los haikus. El Maestro le está enseñando los abismos y las cumbres de la vida utilizando como ejemplo la suya propia. En ese andar, de mostrarse como realmente es, va liberando poco a poco sus ataduras hasta enamorarse de Tsukiko.










Las olas susurran.

La carne de pulpo

tiene un tono rosado


Entre las tabernas y los paseos, entre la playa y la estación lluviosa, entre el sake caliente y las comidas exóticas, se va construyendo el vínculo entre ambos, y como dijo el Maestro la carne transparente del pulpo al cocerse se vuelve blanca, pero justo antes de eso adquiere un tono rosado, metáfora del instante de la epifanía del amor. La revelación ocurre durante una tormenta, donde no se conoce si el miedo de Tsukiko se debe a los truenos y relámpagos o la revelación abierta de su amor y un abrazo es capaz de calmarlo todo.

Para llegar a este punto se han tenido que sortear varias pruebas, el acoso de un amigo de Tsukiko, la atracción del Maestro por una atractiva colega, su diferencia de edades, pero sobre todo la cicatriz del duelo no resuelto del Maestro, abandonado por su mujer a causa de un amante, y al alejamiento de éste, por el consuelo de nuevos amantes, por ese amor que persistió a pesar del engaño y la muerte.


Pero cuando se oscurece aquel mar de la vida, las voces blancas de un sincero amor pueden cerrar definitivamente las heridas y se está listo para empezar de nuevo: a querer, a vivir, a reencarnarse en el ser amado.

Pero Tsukiko quiere poner una prueba mas, se aleja para vislumbrar la fuerza de su amor, si es débil se marchitará como le decía su abuela, por eso esquiva los encuentros con el Maestro, porque ella es así, un poco cabeza dura, reservada e insegura, a pesar de la imagen que proyecta, muy propia de su universo femenino, hecho de cosas no dichas, de detalles y de sentimientos escondidos a la percepción masculina. Sin embargo, el tiempo que conserva el amor sincero según la abuela de Tsukiko, logra que la pareja se reuna, esta vez despejando los temores de ambos, a empezar una nueva relación y a la cercanía de la muerte.

La novela es una historia de amor cantada desde el título y desde el inicio, edulcorada por moementos pero conmovedora. Un profesor otoñal y retirado con una joven aún llena de dudas, son unidos por el amor, vínculo tibio, placenteero y raspaso, como el sake caliente que toman en las tabernas, que más allá de la muerte se convierte en un legado, como todo el contenido y el vacío que permanece en el maletín del Maestro.
He recorrido un largo camino,
el frio penetra mi ropa gastada.
esta tarde el cielo está despejado
¡cómo me duele el corazón!

miércoles, 3 de febrero de 2010

Cul de Sac


Escribo en una noche de luna llena.

Escudriñar el cielo para descubrir las proteicas formas de las nubes, para explorar la simetría estelar y establecer coordenadas celestiales, puntos de referencia de nuestra vida en la tierra. Es lo que hacen algunos nerds mientras no estudian,

El Fondo del Cielo, la última novela de Rodrigo Fresán trata sobre aquellos nerds que miran el cielo y para suplir las carencias de los vínculos sociales. El futuro y la ciencia son para ellos una fantasía que les permite seguir viviendo pero están muy anclados al pasado como para levantar vuelo. El Fondo del Cielo está narrada desde distintas dimensiones, tanto literarias como argumentales. Como dice su autor es una novela con ciencia ficción y no de ciencia ficción. Una novela pop con cientos de referencias y guiños a la cultura del siglo XX, salvo una alusión al pasado remoto y eterno de la Divina Comedia de Dante.

La novela posee diversas trayectorias, una lineal y otras elípticas. Comencemos por la lineal: la historia de los Lejanos, pequeños freak, con alguna limitación física o mental para encajar dentro del promedio. Isaac Goldman, hijo de un rabino desquiciado y suicida que queda desamparado, y Ezra Leventhal, usuario de dispositivos ortopédicos que solo rehabilitan una anomalía en ambas piernas, hijo de una familia de comerciantes que adopta a Isaac. Parias infantiles unidos por la ciencia ficción. “Para Ezra, la ciencia ficción era un arma. Para mí, un escudo”, dice Isaac en una introducción de su vida. Incapaces de mayores vuelos sociales aterrizan en los engranajes del mimeógrafo para expresar sus fantasías sobre un futuro febril y atípico. Lanzan la revista Planet, punto de partida de la formación de Los Lejanos, grupo de a dos y equidistante de todas las corrientes futuristas.


Si el pasado es un país extranjero, entonces el futuro es una estrella lejana. Y por entonces, éramos tantos los que queríamos alcanzarla y clavarle la bandera de nuestro nombre.

Como R2D2 y C3PO, los Lejanos viajan estelarmente con sus relatos. En su camino, adoptan a Jefferson Franklyn Washington Darlingskill, hijo único del dueño de una tienda por departamentos, inútil en talentos y pobre en empatías, también un paria pero deseoso de insertarse en la sociedad. La adopción es por conveniencia, es el niño con dinero que provee de comics, libros y entradas al cine. A cambio, Los Lejanos lo aceptarán como tercer miembro y no revelarán su condición de rico. El otro motivo es que JFW es sobrino de Phineas Darlingskill, un oscuro escritor de culto, a quien van a conocer en su lecho de agonía. Allí conocen a Ella, una joven tan linda como rara y ajena al común de las freaks de ciencia ficción. Y allí ocurre la primera explosión, los Lejanos se enamoran de Ella y el amor es correspondido pero para los dos. Ella, de la que no conocemos su nombre, se convierte para los Lejanos en su centro de gravedad, en el Monolito que cambia sus vidas como el tótem de granito de la película 2001 Odisea del Espacio, uno de los íconos recurrentes en la novela.

Sin embargo, hasta las galaxias más grandes llegan a su fin. Ella es abducida por una fuerza inexplicable para los Lejanos y desaparecerá de sus vidas. Para despedirse y consolidar su amor, Isaac y Ezra una fría tarde forman una gigante bola de nieve frente a la casa de Ella, crean un planeta helado y un ejército de hombres de nieve como símbolo de la utopía de este triangulo amoroso. De ese amor imposible quedan los recuerdos y una gastada foto, con unos adustos Lejanos y con Ella sonriendo a la cámara. A partir de entonces este Bing Bang humano dispersa a los Lejanos y a Ella. Isaac se convierte con el tiempo un escritor de ciencia ficción, alimentador de tramas para series tipo Star Trek o películas que ofrecen un guiño a Blade Runner, y vivirá como albacea literario de un viejo escritor de ciencia ficción, Wilbur Zack (Philip K Dick?), envejeciendo con el recuerdo de los Lejanos y de Ella. Ezra, al poco tiempo de la ruptura, se convierte en un científico de los servicios secretos que crea la bomba atómica y pergeña otros avances destructivos tomando como base un documento hecho en su adolescencia Manual de Instrucciones de Destrucción Planetaria firmado como Arcano Rex de la Vía Láctea, mantiene una comunicación distante y esporádica con Isaac hasta el encuentro final un encuentro final el 11 de Setiembre del 2001, en una de las Torres Gemelas, una transmisión borrosa en el instante que uno de los aviones impacta una de las torres.

Flotando como una estación espacial abandonada queda un testamento literario, la novela Evasión, de autoría incierta.

Tal vez por ser lanzada desde Mullholland Drive y no de Cabo Cañaveral, El Fondo del Cielo alcanza otras órbitas de vuelo, los capítulos restantes giran a modo de momentos, relatos y visiones desde los otros personajes, incluso una transmisión interestelar desde Urkh 24, de Aquel-Lugar-Donde-Se-Dejan-Oír-Las-melodías-Más-Desconsoladas. El tiempo absoluto que conocemos en la Tierra no es conocido en esta segunda lectura, no existe como tal, se contrae y expande para mostrarnos diferentes vistas de un pasado que no sabemos si ocurrió realmente o existió en la visión de los personajes.


Y, llegado este punto, siempre me encantó esa costumbre tan humana, tan primitiva, tan infantil, de preguntarse “¿qué hora es? O “¿en qué día estamos?”. Y enseguida responderse con las más absurdas abstracciones. Con números.
Y sentirse tan satisfechos

Y es que viajando a la velocidad de la luz, el tiempo varía según el observador y el presente puede hacerse futuro, el pasado presente o todo puede haber ocurrido en un instante. Al final nuestra historia es sólo un parpadeo del universo. Un Ping Nang que todo lo expande, arrasando con los acontecimientos y los recuerdos. Por eso es posible conocer al último habitante de UK 24, transmitiendo sus últimos instantes y frustraciones por no haber pisado la Tierra a pesar de habernos observado desde nuestros inicios. No sabremos si esta agonía ocurre en tiempo real o lo que estamos observando actualmente ocurrió hace ya varios años. Paradojas de la relatividad del tiempo y el espacio.


El tiempo es-todo el tiempo- todos los tiempos al mismo tiempo

Como corolario, quedan las revelaciones de Ella, colores interestelares puestos en una paleta, como en el cuadro de Roto, Yellow and Blue on Orange. Ella que terminó en otra historia, sacrificando su utopía amorosa con los Lejanos y aplacando la venganza de Jeff contra la humanidad casándose con él para evitar el fin del mundo y al mismo tiempo aplacando la ansiedad de sus padres al casarse con un joven millonario. Ella, que cumplió su destino estelar, acaso obedeciendo los designios del último habitante de Urkh 24. Ella, la chica rara, la del estado en trance, de sueños vívidos, la que mezcla colores en su mente y que escucha voces, la que recibe continuos electroshocks decide abducirse del mundo. Ella, la autora de Evasión que desde su espacio mantiene contacto con Isaac y Ezra en el recuerdo, el eterno y efímero recuerdo de su planeta helado.

Y es que El Fondo del Cielo, trata sobre eso: El Amor que nunca despega como las naves de Urkh 24, el Amor que viaja por todos los tiempos y, de los recuerdos de tres planetas (Ella, Isaac, Ezra) que fueron sacados de su órbita y viajan por el espacio como estrellas divagantes desde el Bing Bang hasta el fin del mundo en 7,590 millones de años. Y entre ambos, las transmisiones de sus recuerdos, saltando como partículas elementales, rebotando de una antena a otra al infinito, al fondo estelar. No es gratuito acaso que una de las canciones de la novela sea All You Need is Love de The Beatles, utilizada para la primera transmisión vía satélite en la historia.

Al escudriñar entonces allá arriba, en el fondo del cielo, es que buscamos en ese fondo de saco etéreo el sedimento de nuestras más íntimas emociones y recuerdos.

El Silencio Narrativo

En la vida existen espacios en blanco. Lagunas mentales que ahogan nuestros recuerdos o diálogos no realizados. El silencio coloquial puede ser cómplice, amistoso o perjudicial. Los seres humanos hemos creado una serie de códigos para entendernos, una función cerebral considerada superior: el lenguaje.
Pero algunas veces podemos perder esa capacidad de expresarnos, esa involuntaria pérdida es llamada Afasia.

Invisible, es además de lo mencionado anteriormente, una novela sobre la incapacidad de expresar de su protagonista, es una afasia, es lo que callamos. Por eso, una de las protagonistas no en vano es una logopeda, es decir una terapista de lenguaje. La novela discurre entre situaciones que se callan, que se piensan pero que no se expresan, intenciones soterradas. La venganza de Walker, las actividades de Born, el amor de Cecile, los afectos no correspondidos.

La Afasia no es una función unilateral pues depende de la integración de varias regiones cerebrales y una persona que ha dañado parte o la totalidad de los circuitos puede presentar distintas variedades de afasia:

  1. Afasia de Broca, el déficit primario es en la expresión, ya que se conserva la capacidad de comprender lo que se escucha. La persona afectada es incapaz del lenguaje verbal y a veces del escrito a pesar de que comprende el mensaje que recibe, por ello sufre de una gran frustración. en sus formas más leves el lenguaje está restringido a 10 estereotipos verbales por minuto en lugar de los 100 normales.
  2. Afasia de Wernicke, comprende dos elementos: una incomprensión casi total del lenguaje que escucha o el que lee y una expresión pero una expresión que a pesar de parecer fluida y articulada es inconexa e incomprensible con el estímulo, a esto se denomina parafasia, es decir hablar cosas que no viene al caso con la conversación. Al no entender nada, la persona no se da cuenta de su desorden.
  3. Afasia Global, debido a una destrucción de las dos áreas anteriores en la cual el paciente entra en un mutismo generalizado, ni entiende ni se expresa.
  4. Afasia de Conducción, es un trastorno donde hay una ruptura entre la conexión auditiva y motora (expresiva) del lenguaje, en la cual el paciente habla palabras inconexas y sin significado. existe una comprensión mínima del lenguaje escuchado y una repetición de la misma palabra, una especie de aliteración fonética.

Walker calla lo que ve y lo que siente o lo expresa a través de otras voces, es un afásico social, que puede haber lanzado algunas ideas inconexas sobre lo que vivió o pensó que vivía. Sus historias en segunda o tercera persona acaso sean distorsiones de una realidad que entendió mal o recordó difusamente. Los demás personajes, como en el gran teatro del mundo que es la vida, también viven sus pequeñas afasias, nuestros pequeños silencios cotidianos.

Ya que lenguaje y memoria son funciones superiores, los circuitos se intercambian, se funden o se separan. Una esencia de la ficción narrativa, el creernos y vivir de nuestras mentiras literarias.

Una afasia narrativa y selectiva.


jueves, 14 de enero de 2010

Invisible, Paul Auster


Imaginen que acuden a un espectáculo de magia. Al inico no se presenta al mago sino un video con unas manos en fondo negro haciendo el primer truco. Luego, ingresa otro mago, que obedeciendo las ordenes del mago principal a través de un audio continúa con los siguientes actos. Al terminar, el aprendiz lee una carta del mago ausente. En la despedida, una de sus asistentes termina la obra contándonos qué pasó con el mago y porqué no pudo estar en los actos. Al salir recibimos un folleto informativo acerca de los trucos y la vida del mago. Ya fuera del teatro, pensaremos que sobre todas las ilusiones que representan los actos de magia, la mayor ilusión será imaginar si el mago realmente existe y cuestionar si todo lo que nos contaron de su vida es cierto.




Invisible, la última novela de Paul Auster, me dejó tal sensación. Se inicia en 1967 y tiene como protagonista a Adam Walker, a quien conocemos hablando en primera persona. Entonces un joven de 20 años, estudiante de Columbia y traductor de poetas provenzales, que al conocer a Rudolf Born (un académico mayor que él y futuro mecenas) y su acompañante Margot, se ve envuelto en una truculenta historia de amor, intriga y promesas que se rompen por un hecho trágico. Dias después, ante un intempestivo viaje de Born, Margot y Walker se involucran sentimentalmente. Al regreso de Born, los velos caen y a pesar de todo Born ofrece financiar una revista literaria a Walker. En una caminata, mientras ambos afinaban los detalles de la creación de la revista, un ladrón de poca monta, Cedric Williams intenta asaltar a los caminantes, pero es reducido por Born y dejado malherido. Walker huye. Williams aparece muerto a puñaladas. A partir de allí, Walker desata una serie de conjeturas sobre el verdadero autor del asesinato, acude a la policía y descubre sus verdaderos límites como persona.




En el siguiente capítulo, anclado en el 2007, nos enteramos que Walker, enfermo de Leucemia y convertido en un paciente terminal, intentado retomar una amistad perdida con James Freeman, un escritor ya renombrado. Walker le ha remitido un sobre con el manuscrito, un relato escrito en primera persona que es parte de una obra en tres capítulos: Primavera, Verano y Otoño, episodios de su propia vida. Ahí descubrimos que lo que leímos era en realidad Primavera, y no lo voz directa de Walker, que ya muy enfermo pide ayuda a Freeman para terminar el tríptico, y siente que el tiempo apremia. Poco tiempo después y bajo los consejos de Freeman, Walker envía el segundo capítulo escrito en segunda persona, distancia tomada debido a las dificultades que tuvo en contar detalles de su propia vida. La narración detalla los hechos posteriores al asesinato, el alejamiento con Born, la vida universitaria, la muerte de su hermano Andy en la infancia y la compleja relación con su hermana Gwyn. Al envio de este segundo capitulo, Verano, Walker y Freeman concertan un reencuentro que nunca se dará pues Walker muere antes.


Freeman se entera del hecho al acudir a la cita trunca y conversar con la hijastra de Walker, Rebecca, quien le entrega un sobre con el manuscrito boceteado de Otoño, última voluntad de un Walker emaciado por la leucemia e incapaz de corregir textos. El legado para Freeman es publicar lo textos bajo la forma de una novela. En el tercer capítulo, conocemos de las vicisitudes de Walker en París: el reencuentro con Margot, la sorpresiva reaparición de Born, la amistad con Helene (prometida de Born) y su hija Cécile, la trama urdida por Walker para vengarse de Born, que luego deviene en fallida. Walker retorna a America en una confusa expulsión de Francia . El texto concluye con frases inconexas pero reveladoras.




A partir de allí se desarrolla una obra polifónica, orquestada por Freeman quien visita a Gwyn, de la cual estaba secretamente enamorado, y a Cécile. A través de ellas Freeman, compone y descompone la historia de Walker, a partir de conversaciones que afirman o desmienten lo ya escrito, se vale además de diarios personales para conocer una verdad borrosa, como un juego de espejos que se va desdibujando y transformando en el pasaje de un personaje a otro. La narración concluye con la versión de Cécile y su reencuentro con un crepuscular Born, un acabado señor de la guerra, en una isla del Caribe.



Invisible, es una novela metaliteraria y como un fractal, sus ideas se van dividiendo en diferentes planos. Es pletóricas en referencias, usadas como sextantes en una navegación en la noche oscura de la vida, desde el Infierno de Dante hasta Enrique Vila-Matas, pasando por la poesía provenzal hasta Stendhal. Es una novela de escritores: uno agonizando, el otro en el cenit de su carrera. Los textos se heredan como antorchas que se prenden unas a otras para evitar que la luz se apague. De eso también trata la novela, de la riqueza de los textos literarios, que alumbran los rincones de la vida, para hacerlos visibles a los demás.


Invisible es la verdad, que aparece camuflada entre la ficción y la negación de los personajes. Invisible es Walker, al que conocemos por sus textos y por los recuerdos de otros. Invisibles son las pulsiones de los personajes. Invisible es el amor, de Walker a Margot, de Cécile a Walker y de éste a Gwyn, escabrosa relación narrada al detalle, pero negada por una de las partes. Invisible es la guerra, de Vietnam a Afganistán, pasando por las soterradas luchas del espionaje internacional. Invisible es el Invierno dentro de la metaficción, que suponemos es la muerte, vista acaso como vida después de la vida y como la redención de los pecados terrenales. Invisible es lo que se calla o lo que se mantiene oculto a sabiendas.


En la novela también hay una Venus y un Marte, conflicto que enciende el eterno motor de las historias humanas. Acaso no sea casualidad que el nombre de Walker sea Adam. El amor, que en esta novela genera acciones, desencuentros y equivocaciones, puede llegar a ser tierno e inocente, posesivo e incestuoso, puede sublimar o apagarse, puede ser abierto o prohibido. En cambio la guerra en esta novela tiene un sentido más real, partiendo de las intrigas del trovador provenzal Bertran de Born, hasta las guerras y revueltas de Vietnam, Mayo del 68, las escaramuzas de la Guerra Fría, el 11 de Setiembre, los Servicios Secretos y la invasión de Afganistán. La violencia física o conceptual en esta novela revela la condición humana, genera vencedores y derrotados tendidos en el camino de la vida.


La novela describe a Walker usando una narración en primera persona, luego en segunda, luego en tercera, como si el propio personaje se fuera alejando de la vida y el punto de vista del narrador a medida que su vida se apaga. Y es así como entendemos que la verdad es una ficción o viceversa, un juego de espejos que se hace confuso y dialéctico, una mentira que revela una verdad.


Como telón de fondo, están los sentimientos humanos y ese tour de force que lleva a Walker a dejar su testamiento literario y a Cécile a dejar constancia de su versión de los hechos, de esa visita final a Born, una especie de Corazón de las Tinieblas post moderna, donde se le revelan verdades confusas, primero dichas por Born y otra que es inferida por los ruidos que ella escucha pero no puede ver.

Eso es Invisible, una filigrana literaria de ilusiones, de ciertas verdades y mentiras que está sembrada de metatextos y metaficción. Una prosa exquisita que parece simple solo en lo superficial, ya que las implicancias narrativas y filosóficas son múltiples y profundas como la tragedia humana misma.


Invisible, es Auster en estado puro.

martes, 12 de enero de 2010

Las Cebras de House




If you hear hoof beats, look for horses, not zebras !!

Esta frase la encontré hace ya varios años como epígrafe en un viejo y gastado Manual de Supervivencia para Residentes en Medicina Interna, todavía era estudiante, y en la encrucijada por escribir o ser médico. Pero la historia ya la conocen: hice un viaje interestelar por los planetas de la Medicina para terminar refugiandome entre las Lunas de la Literatura. Como buen viajero adquirí souvenirs en cada una de mis visitas. A saber, aquí van algunos:



  1. Occam´s Razor (la Navaja de Occam): entia non sunt multiplicanda praeter necessitatem, el Principo de Parsimonia, es decir que las explicaciones a un evento no deben de multiplicarse mas allá de lo necesario. Para decirlo en español, de todas las explicaciones escoger la mas simple, lo que en Medicina conocemos como la Ley de la Unidad Clínica: una sola enfermedad explica todos los síntomas del paciente. Fue formulada por el monje franciscano William Occam en el siglo XIV la cual también puede leerse como: pluralitas non est ponenda sine necessitate. En ciencias se sigue esta regla para formular modelos teóricos y en la clínica para obtener un diagnóstico.

  2. Clinical Acumen: Perspicacia clínica, es el ojo astuto para ver mas allá de lo evidente. Lo que está oculto para el común de las personas el clínico lo debe observar y coger este detalle (el divino detalle, Nabokov dixit) como el hilo de Ariadna para desenrollar la madeja del diagnóstico y salir del laberinto. Un buen clínico, lo dijo William Osler, debe ser un maestro de la observación.

  3. Clinical Conundrum: Acertijo clínico, juego de lógica que permite obtener una respuesta a una premisa planteada. También se refiere a un problema difícil, paradójico y a veces insoluble, léase a aquellos pacientes que introducen heridas mortales en el ego clínico, ya que no se encuentra una explicación lógica y clínica luego de un extenso trabajo diagnóstico. A veces queda como enfermedad idiopática (eufemismo para explicar que algo ocurrió sin causa conocida- del griego idios: propio, pathos: enfermedad)

  4. Clinical Pearl: Perla clínica significa en medicina un concepto claro y simple que encierra una enseñanza. Es el mensaje para apuntarlo en la libreta Moleskine. Generalmente se obtiene de la experiencia clínica con los pacientes, eso no está en los libros. Ya que como dijo Osler: "Estudiar Medicina sin libros es como navegar sin mapas, pero estudiar medicina sin pacientes es como nunca salir a navegar"

  5. Medical Zebras, jerga médica que no se refiere a los ungulados africanos sino a una posibilidad diagnóstica improbable, a una enfermedad rara. Un sinónimo para Cebra médica es un Fascinoma, un tumor fascinante pero artificial, una luz de bengala conceptual que puede encandilar al auditorio pero que NO es el diagnóstico del paciente. En los medios académicos los conocemos como cowboyadas, las cosas raras, los reportes clínicos de un caso, los acápites en letras pequeñas de los tratados en medicina. De cowboyeros conozco a varios, la mayoría intrascendentes en resultados. La norma clínica es pensar en lo más común, por ello al escuchar el galope de cascos, piense en caballos no en cebras...
  6. Sutton´s Law: ley de Sutton, leyenda urbana atribuida a un famoso ladrón de bancos. A la pregunta de un reportero de porqué robaba los bancos, aquel respondió "porque allí había dinero". En clínica se refiere a que cuando uno pida una prueba diagnóstica empiece por la que considere más útil para esa enfermedad y así evitar procedimientos innecesarios y costosos.
  7. Hickham´s Dictum, el Dictado que se opone a la Navaja de Occam. El contra argumento está basado en que un paciente puede albergar al mismo tiempo múltiples enfermedades, como una combinación o una coincidencia de eventos, lo que los médicos llamamos comorbilidades.

Dr. House no es un manual clínico, es una serie de televisión, útil para entretener, lleno de connotaciones éticas, pero con algunas inconsistencias clínicas. está plagado de cebras.
En un reciente artículo del British Medical Journal, se refiere que existe un sesgo en la categoría de casos presentados en la serie, casi un 30% son neurológicos, un 16% son infecciones y el resto se reparte en porcentajes que bordean el 5%. Se explica allí que las enfermedades neurológicas son misteriosas y emocionantes, incluso para los médicos, y encuentro el dato que, en la serie, frecuentemente los pacientes tienen una convulsión como síntoma de ingreso o resultado del tratamiento. Puedo añadir que el mismo sentido de drama puede ser alcanzado por una infección, como el caso del episodio sobre lombrices en el humor vítreo, algo muy llamativo en un medio tan aséptico como el norteamericano. Una enfermedad tropical siempre es exótica y tiene un encanto especial.
Por otro lado, House incumple muchas veces la ley de Sutton al someter a pacientes a estudios guiado por impulsos diagnósticos. Su impaciencia se ve marcada además por abusar del tratamiento presuntivo cuando cumple una de sus máximas: las pruebas toman tiempo, el tratamiento es más rápido. Una mencion aparte, los residentes, fieles y obedientes, que se quedan hasta tarde con el fin de resolver el dilema del día, que distinto a mis residentes que cuando la hora apremia lo dejan para mañana.
Sin embargo, debo de rescatar el uso de la pizarrita, la lista del diagnóstico diferencial que muchos médicos han olvidado arrodillándose a la tecnología, una estartegia que sería más útil si deciden llevar a House a sistemas de bajos recursos, como lo hicieron hace años en otra serie: la temporada de ER en el África. Desde ya House está invitado a nuestro curso Gorgas de Medicina Tropical, a nuestros hospitales públicos.
Pero House es una ficción, una conmovedora mentira que nos hace pensar sobre nosotros mismos, un espejo deformado pero espejo al fin.
Total, en la realidad, yo lo hago mejor.

viernes, 8 de enero de 2010

Is Watching Through You



Gregory House es escéptico e iconoclasta, pedante y cruelmente sincero. Es capaz de ver a través de miradas, comportamientos y actitudes la psíquis de sus pacientes o la de su equipo. Como cuando se revisan las radiografías en un negatoscopio, House coloca a las personas a contraluz de la realidad para obtener la información que necesita o la que quiere.
Es extremadamente terrenal, por eso se burla de los místicos y religiosos. Una de sus mejores frases es:
Si hablas con Dios eres religioso, pero si Dios habla contigo eres un psicótico
Esto porque la religión carece para House de lógica y aprendizaje a través de la experiencia. Donde hay fe y esperanza, House opone razón y evidencia. Llevar las cosas hacia el limite, pues esto es lo que hace el personaje, es oponernos a nuestra propia realidad y nuestras creencias para que nos encontremos a nosotros mismos, es hallar la verdad escarbando dentro de nosotros mismos, en nuestros temores y creencias.
House opone la figura de los médicos sacrificados y humanitarios de antes, como el Dr. Kildare, que a la distancia lucen cándidos, luchando por lograr mejores estilos de vida. House ya está de vuelta, ha percibido que años y años de consejos no han calado en la gente, se tiene que lidiar con lo que hay. Es un pragmático impenitente.


House entonces nos devuelve con la misma moneda de cambio que nosotros usamos en la vida. Nos lleva al extremo para cuestionarnos en lo más profundo, para saber si la vida que llevamos tiene un sentido, el sentido terrenal no predeterminado por fuerzas etéreas y superiores, sino el que nosotros hemos labrado día tras día. Nos somete a un electroshock emocional sin anestesia ni succinilcolina en el más puro estilo existencialista de Sartre.
Por otro lado, la lógica y la ruptura con un Dios que todo lo tiene predestinado lleva a House por la vía del Nihilismo de la vida actual, al hecho de que los seres humanos han destruido los valores anteriores en beneficio de una búsqueda individualista por un significado en la vida. Un Nihilismo que captura como bandera dentro de los pasillos de su hospital, agitando con ella sus relaciones profesionales e interpersonales.
Este descreimiento en la bondad humana y en la no búsqueda de un bien común sino más bien en el logro de satisfacciones individuales e inmediatas de la sociedad actual, hacen de House un escéptico y al entablar la premisa de Todos Mienten, lo convierten en un Cínico. Por ello, no es gratuito que use la ironía y el sarcasmo, para hacernos conocer nuestros límites, que utilice dagas verbales para remover las entrañas y en algunos casos tome prestadas frases como la de Mick Jagger:
"No siempre puedes conseguir lo que quieres"
Al verlo caminando entre los pasillos del hospital, apurado con su bastón, uno lo puede imaginar deambulando por ese laboratorio peripatetico que son las clínicas u hospitales, moderno Diógenes, el cínico por excelencia, amante de lo natural sobre lo convencional, que refería que la costumbre era la falsa moneda de la moralidad. Acaso por eso House, cansado de buescar a un hombre justo o al menos no tan mentiroso, se autoexilia, se convierte en un paria, escapandoal bosque de las utopías como una vía de escape y desprecio a los usos de la sociedad que le ha tocado vivir. El comportamiento excéntrico y el uso del cayado, además un símbolo de sabiduría y autoridad, son elementos comunes a ambos, a House y a Diógenes, aparte del rasgo de ser solitarios.
Solitario. La soledad, estado atemporal y sin lugar definido, que permite elaborar múltiples monólogos interiores como castillos de arena o de fuegos de artificio, por el cual podemos escondernos o iluminarnos y encontrarnos dentro de las oscuras esquinas del pensamiento. La soledad se convierte para House en la cuna del individualismo, la raíz de nuestras creencias y nuestros actos.
Es allí desde y hacia donde ataca House, en la yugular de nuestra esencia.

House is Watching You



Veo televisión a cuentagotas, noticieros, fútbol y programas de humor, no veo películas, para eso el cine, no puedo despegarme de la emoción de la sala oscura, la pantalla grande y el olor a palomitas de maíz. Así que cuando la cartelera limeña es pobre, tengo mas espacio para mis cuentos, novelas y ensayos, ya que viniendo desde la orilla de la ciencia debo balancear mis lecturas.

Picado por la curiosidad y por el comentario de mis internos, hace un par de años vi en DVD una temporada completa de Dr House: me quedé dormido. Para mí, era más de lo mismo, lo cotidiano pensé: desentrañar el misterio clínico a través del diagnóstico diferencial, una técnica casi en desuso en un presente inflado de tecnología, pero a la cual me aferro con pasión. Allí quedo mi experiencia televisiva con House.

Pero descubrir hace poco que mi sobrina recién adolescente es una fan de Dr House, me devolvió al personaje. Pasé parte de mis vacaciones de fin de año sentado frente al televisor, aprovechando la artimaña del cable: la extenuante repetición de temporadas anteriores.

¿Que rescatar de House? Desde el lado literario: la construcción del personaje. Desde el clínico: La pizarrita, el ejercicio del diagnóstico diferencial

House divide las aguas, o lo quieres o lo detestas. En mi caso hay opiniones encontradas, es un gran personaje pero su comportamiento chirriante por momentos me hace rebotar de la pantalla. Pero es un personaje construído por capas, un hombre cactus, espinoso por fuera, blando por dentro. Pienso que House es hipersensible y muy perceptivo, por lo tanto las imperfecciones humanas lo lastiman. La excesiva racionalidad, la ironía y el cinismo son mecanismos de defensa levantados con el fin de protegerse, algo en su pasado lo ha llenado de cicatrices emocionales que han borrado su afecto exterior. Lo peor que le podría pasar a House es enamorarse, desarmaría un andamiaje levantado a pulso.
Esa distancia analítica permite resolver los misterios clínicos planteados en cada capítulo, a esto ayuda el hecho de atender sobre todo a hospitalizados. Un equipo de residentes media entre él y el paciente, como las lentes de microscopio que separan el ojo del examinador y la muestra biológica. Su misantropía exige tales condiciones de trabajo, es la distancia emocional la que le permite establecer sus propias reglas. Lo importante es la resolución fría del caso clínico problema, para los afectos está la familia, los psicólogos o sus residentes.
Para ello, deben de destruirse presunciones, prejuicios y costumbres, desde el punto de vista conceptual House es socrático y remece los hechos y las sospechas clínicas: si se derrumban no son correctos. Por eso también los buenos modales se pueden dejar de lado, en el fondo House piensa que si logra curar al paciente le habrá hecho un bien y que eso vale más que entablar una relación médico paciente amistosa y empática. En el fondo de las cosas de que vale sufrir al lado del paciente si no lo puedes curar.
Una vez recibido el caso, House dispara un gatillo de asociaciones clínicas, un complicado y meticuloso mecanismo de relojería, hecho de datos, inferencias y deducciones, que se propone resolver en el menor tiempo posible, para lograrlo no puede detenerse en consideraciones afectivas que no harán más que distraerlo.

House establece además la premisa de que Todos Mienten, y en ello no deja de tener razón: la mentira en el término conceptual es ocultar o tergiversar la realidad en forma total o parcial. Cada paciente interpreta la enfermedad a su manera y por ello puede revelar consciente o inconscientemente una historia clínica distorsionada de la realidad.
Todos mienten, pero el cuerpo no. Los procesos naturales de enfermedad son intangibles, ciegos a las emociones o prejuicios y por lo tanto se expresan quiérase o no. House se coloca en ese plano para luchar de igual a igual con la enfermedad. Por eso una historia clínica debe siempre de ser contrastada con un examen físico.
El fin supremo es la resolución del caso clínico, por eso House es un antihéroe, logra el Bien final sin esperar aplausos, solo la satisfacción interior de haber resuelto el enigma, una dicha que ni la muerte puede arrebatar, al conseguir su logro nose permite descansar ni proponer efímeras alegrías, en unos minutos o quizá mañana un nuevo reto clínico aparecerá y debe de estar preparado.
Un par de tabletas de Vicodin, su bastón y la puerta de salida lo ayudarán a escapar de esa pecera de emociones contenidas en que se convierte cada hospital.