miércoles, 13 de enero de 2016

Dos años, ocho meses y veintiocho noches




La entropia es la tendencia natural del universo hacia el desorden. Desde las partículas elementales a los conglomerados humanos. A pesar de ello, la naturaleza no nos luce desordenada sino ajustada a una cierta intención o a un orden predeterminado. Todos los fenómenos como el movimiento de los planetas, las estaciones del año, el desarrollo de nuestros cuerpos cumplen inexorables leyes físicas y químicas. Existe un cosmos entre el caos. Que provoca ese orden, es una pregunta para la cual no tenemos aún una respuesta definitiva. 
La cualidad humana de pensar nos ha llevado a hacernos una variedad de preguntas acerca de nuestra propia existencia, de porque y como ocurren los fenómenos de la naturaleza y cual es la real extensión del universo. Las respuestas a los fenómenos naturales vinieron primero como pensamientos disfrazados de fantasías y luego como ideas científicas. Esto se logró a través de un cerebro evolucionado que desarrollo también el lenguaje y las palabras que funcionan como eslabones que cohesionan los grupos humanos y su propia historia.Con la mente llegaron también los pensamientos, el manejo de las emociones, la razón, la lógica y la religión. La creencia acerca de una divinidad sobrehumana,que nos guía y transita con facilidad el mundo terrenal hacia otra dimensión, nos persigue a lo largo de la historia de la humanidad. 



En Dos años, ocho meses y veintiocho noches, Salman Rushdie ha escrito una novela sobre el valor de aquellas fantasías e ideas que engendra la mente humana. Nos dice que a lo largo de la historia, así como se edificaron palacios y mausoleos, los humanos construyeron conceptos abstractos llamados constructos. A través de los constructos llegaron la magia, los dioses y los fenómenos sobrenaturales para los que no tenemos una explicación lógica. Con las fantasías llego la esperanza pero también el miedo y la censura.

La novela de Salman Rushdie cabalga sobre las fantasías de otras historias para criticar al mundo contemporáneo. La obra tiene dos ejes, las peripecias del filósofo andaluz Averroes (Ibn Rushdie) y la historia de los yinn,  seres sobrenaturales que habitan el Pais de las Hadas que transitan entre ambos mundos a través de los muy modernos agujeros de gusano y la singularidad de la física cuántica, atajos cósmicos que permiten atravesar miles de años en menos de un milisegundo. 

La historia del conocimiento humano ha tenido momentos de esplendor. Favorecidos por las condiciones políticas y económicas, hubo momentos que permitieron épocas como la de la Grecia antigua, el Renacimiento, la Ilustración o la Revolución Industrial. Durante la Edad Media, este péndulo de claridad racional se inclinó hacia el mundo árabe. Los califatos islámicos rescataron el conocimiento de los clásicos griegos denostados como pagamos por el avance de un Cristianismo oscurantista e intolerante. En el califato de Persia surgió Ibn Sinna (Avicena), un siglo después surgió Abu Al-Walid Muhammad Ibn Ahmad Ibn Rushd Al-Qurtubi (conocido como Averroes) en el califato de Córdoba, un filosofo y médico islamico que tradujo y comento casi la totalidad de trabajos de Aristóteles así como la República de Platón. Averroes en su obra Tahafut Al-Tahafut (La incoherencia de la incoherencia) menciona sobre la separación entre razón y fe, señalando la incompatibilidad acerca la teoría que el mundo fue creado por Dios, considerando tal afirmación como una metáfora, y que no existían pruebas de la existencia de tal divinidad. Cuando el totalitarismo religioso invadió el califato de Córdoba, Averroes cayo en desgracia y fue desterrado. Ese totalitarismo se alimento de las ideas expresadas por un antiguo pensador llamado Al Ghazzali, quién interpretando el Corán, afirmaba que todo en el mundo obedecía a la voluntad de Ala. Un conflicto que como se puede ver ha sido y es el protagonista de muchas desventuras en la humanidad.

En la novela, que inicia en el siglo XII, un Averroes ya maduro que aquí se llama Ibn Rushd, se enamora de una joven de dieciséis años, Dunia, quien en realidad es una yinnia que ha llegado a este mundo procedente del Pais de las Hadas, bajo forma humana. Ibn Rushdie y Dunia engendran una numerosa e inusual prole, la que está llamada a perdurar por siglos. Pero hay una clave, Dunia conoce el amor, un sentimiento humano impensable en el Peristan, la región surreal donde viven los yinn.Utilizando un enorme salto temporal el narrador muestra la vida de personas acaso contemporáneas como el jardinero Geronimo, la Dama Filosofa, Jimmy Kapoor -un dibujante de cómics-, Teresa Saca Cuartos, entre otros, quienes son testigos de una serie de fenómenos sobrenaturales, que destruyen parte de la naturaleza y que provoca que algunas personas leviten en el aire. Este periodo se conoce como la época de la Extrañeza que duró exactamente mil y una noches. 

En la parte final de la época de la Extrañeza sucede la Guerra de los Mundos, acaso un guiño a la obra de HG Wells. Los yinn perversos han invadido la Tierra y tienen como plan la destrucción de la humanidad. Estos seres de humo sin fuego han regresado a través de las ranuras del espacio-tiempo que se han vuelto a abrir. Pero tales rendijas, también sirvieron para que Dunia regrese transmutada en otras formas humanas, al llegar a la Tierra, Dunia recupera el amor que sentía por Ibn Rushdie, personificado en uno de los personajes contemporáneos, pero como tiene una misión que cumplir, desterrar y eliminar a los yinn malignos, se dedica a crear un ejército de humanos, cuyas historias se presentan en la novela, escogiendo líderes no se conocen entre sí pero que comparten una cualidad que no conocían. 

La edad de la Extrañeza dura mil y una noches, lo mismo que ese conglomerado de historias persas que se conoce como Noches Árabes (Hazar Afsani) o Las mil y una noches, conjunto de historias persas que contaba Sherezade a su consorte, el rey que decapitaba una doncella al amanecer de una noche de placer. Las historias contadas le permitieron a Sherezade sobrevivir a aquella maldición. Estas fantasías redimen al rey de su rencor y le permiten conocer el amor. Son las mismas historias que contadas de boca en boca por otros pueblos del mundo nos han llegado bajo la forma de mitos y epopeyas para explicar nuestra existencia, allí están el Gilgamesh, la Iliada y la Odisea, entre otras. En realidad todos vivimos atrapados en nuestras invenciones, en nuestras propias historias. 

La novela se vale de algunas fábulas como la de la lámpara de Aladino o las alfombras voladoras, sólo que ahora los espíritus se desplazan en urnas voladoras o a través de los agujeros del espacio-tiempo. Las historias que cuenta la novela, a modo de cajas chinas, se subdividen para mostrarnos, y criticar socarronamente, los males e incoherencias de la historia mundial reciente así como de la cultura pop. La lectura de estas historias y sus ramificaciones se burlan de personajes que podemos deducir son remedos de los talibanes, Kim Jong Um, Donald Trump, el narcotráfico, la venta ilegal de armas, Berlusconi, entre otros, haciéndonos ver que acaso la historia de la humanidad está salpicada de las incoherencias de la incoherencia. La guerra de los mundos es la suma de muchas batallas, que utilizan la astucia de los guerreros y el soporte de fuerzas sobrenaturales como relámpagos o tormentas. 

Asimismo esta es una novela sobre el trascender. Trascienden los grandes pensadores a través de sus ideas, trascienden los seres mitológicos a través de los agujeros de la irrealidad, trascienden las personas comunes a través del amor y el recuerdo que tenemos por ellos. Uno de los ejes de Dos años, ocho meses y veintiocho noches, es el inacabable conflicto entre ciertas dicotomías como fe y razón o entre cuerpo y alma. Doctrinas que han opuesto ideológicamente a Platón con Aristóteles, a Descartes con Spinoza. Es posible que la ciencia explique todos los fenómenos del universo? Tenemos un alma que se separa del cuerpo? Existe un Dios que todo lo puede? Somos eternos realmente?  Acaso fe y razón sean dos caras de la misma entidad que muta constantemente de estado el que es imposible de escrutar a cabalidad debido a lo impreciso y limitado de la comprensión humana. 

La novela además entrega otra reflexión subyacente, la de la maravilla de las palabras y la capacidad humana de crear historias. El soñar nos permite soportar las bajezas de la condición humana. Soñar es recreación, esperanza y también amor. Si la ficción salvo a Sherezade porque no puede salvarnos a nosotros o como menciona el epígrafe gráfico de la novela: "la fantasía abandonada de la razón, produce monstruos imposibles: unida con ella, es madre de las artes y el origen de sus marabillas (sic)". Salman Rushdie nos dice que los absolutos son incompatibles con la vida en la tierra y que necesitamos de aquellas rendijas que se abren en nuestras mentes con la ayuda de la ficción para escapar, al menos momentáneamente, de las angustias de vivir en este mundo, de aquella absurdidad de la existencia humana y nos alejan de la envidia, del rencor, de la venganza y el terrorismo. La ficción, o la capacidad de generar sueños, es como el amor, la primavera después del invierno, lo que nos hace perdonar los defectos, de hacernos susceptibles, de encontrar aquellos  sentimientos nobles, como se mencionaba en la Eneida, encontrar las lágrimas en las cosas. En resumen,  nos hace más humanos. 

miércoles, 7 de octubre de 2015

En vigilia



Semana de Nobel. Desde el día lunes recibimos a diario las noticias de los premios que ya se han revelado en Medicina (o Fisiología), Física, Química, Mañana se revelará el de Literatura para luego pasar al de Economía y el de la Paz.

Soy una persona escéptica en lo de la suerte y nada adicto a las apuestas. Los premios Nobel en Literatura tienen un aura particular pues están rodeados no solo de la calidad literaria sino de implicancias geopolíticas. No hay manera de predecirlos pues no existe un patrón histórico determinado, ni una alternancia, ni cuotas geográficas. Vaya usted cual es el factor crítico que determina al ganador, si la votación es unánime o por mayoría o con voto dirimente a la hora de la decisión final.

Dado el hermetismo de la Academia Sueca todo son especulaciones. La única referencia, aparte de un pálpito un golpe de instinto o un disparo al aire, es la lista de la casa de apuestas de Ladbrokes. Ah, los timberos.

Está en la lista el elenco estable de candidatos, como Murakami (el amigo de todos pero considerado superficial por los académicos), la ucraniana Aleksijevtj, el keniata Wa Thiong´o, el noruego John Fosse que ha subido recientemente. Veremos si la Academia le levanta el “castigo” a la literatura norteamericana. Me sorprende además encontrar entre los doce primeros al irlandés, el de la prosa exquisita, al austriaco Peter Handke y a la médico egipcia Nawal El Saadawi. Aquí les dejo la lista de apuestas de Ladbrokes de esta mañana donde en el puesto 12 aparece el poeta sirio Adonis (Ali Ahmad Said Esber), cuyo país está siendo atacado militarmente por tres fuerzas.

Svetlana Aleksijevitj 3/1
Haruki Murakami 6/1
Ngugi Wa Thiong'o 6/1
Jon Fosse  10/1
Joyce Carol Oates 10/1
Philip Roth  10/1
Ko Un  14/1
Peter Handke 14/1
John Banville  16/1
Nawal El Saadawi  16/1
Peter Nadas  16/1
Adunis 20/1


Cualquier cosa puede suceder. A estar atentos, la vigilia comienza…


viernes, 3 de julio de 2015

Inside Out



¿Quién podría oponerse a la felicidad? Creo que nadie, sin embargo se me hace complicado pasar por alto aquella búsqueda insaciable por la felicidad que inunda a la sociedad actual. Siendo la felicidad un estado temporal, creo muchas veces que se confunde bienestar con felicidad.

Sin embargo, hay etapas de la vida donde lo importante es ser feliz, como la infancia. Un niño criado con amor y sensaciones de felicidad plena, con los límites demarcados por el respeto a los demás, será una buena persona. Y de buenas personas es de lo que esta escaso ahora el mundo.

La última película de Pixar, Inside Out, traducida de mala manera como Intensa-Mente, se introduce en el cerebro de la adolescente Riley, para mostrarnos algo de la arquitectura de las emociones, la memoria y los pensamientos. Se nos dibuja dentro de la mente a cinco personajes, representando cada uno a las emociones básicas: Alegría, Tristeza, Temor, Disgusto e Ira quienes están al mando de un panel de control desde donde dominan las acciones de Riley.

El centro de mando contiene una pantalla que es lo que ven los ojos, pero que además intercala las visiones con imágenes de flashbacks de la memoria, como dándonos una idea visual de que es posible ver con la mente o acaso soñar despiertos. Este centro se interconecta con otras estaciones cerebrales a través de una red de carriles por donde viajan pequeñas esferas que llevan el color con el que se representa a cada emoción. De este modo, las experiencias vividas se transforman en información que se almacena y donde aquellas esferas semejan las imágenes de las vacuolas (bolsas) que almacenan los neurotransmisores que circulan dentro del tejido cerebral.

Mientras tanto, Riley se ve sometida a cambios corporales, geográficos y sobre todo de situaciones. Cambia de ciudad y de colegio, su padre tiene un nuevo trabajo y como cereza del pastel, Riley ingresa a la adolescencia. Sus emociones deben aprender a lidiar con todo ello.

Hasta entonces, la mente de Riley, dominada por la Alegría pero secundada hábil y coordinadamente por las otras emociones, encuentra que Tristeza se interesa en explorar nuevas experiencias, ya que la niñez va quedando atrás y las nuevas situaciones que enfrenta Riley, acaso requieran de nuevas estrategias mentales. Alegría es dinámica e inquieta orquestando en cada momento la vida de Riley, pero es entonces cuando Tristeza provoca los primeros conflictos al realizar una mayor actividad y provocando un efecto extraño sobre los pensamientos centrales que se almacenan en la mente de Riley. Este conflicto genera un accidente dentro de la compleja red de carriles que obliga a ambas a dejar temporalmente el centro de mando de la mente de Riley. Alegría y Tristeza, ahora se encuentran en sitios inexplorados para ellas, los almacenes de la memoria mediata e inmediata, los recuerdos que pronto serán olvidados, los laboratorios por donde discurren el pensamiento abstracto y sus múltiples fases de transformación como el análisis (deconstrucción) y la figuración. Algunas de estas fases son ya conocidas, al menos en teoría, por Tristeza quien se encargó de leer todos los manuales de operación del centro de mando, pero otros espacios cerebrales como la voluntad, el sentido de pertenencia, las percepciones, las fantasías, los recuerdos perecederos y los comportamientos les son mostrados por el Amigo imaginario de la infancia de Riley, que como Virgilio a Dante, les muestra a Alegría y a Tristeza los recovecos de la memoria y el comportamiento humano. Es un viaje de descubrimiento y remembranzas no exento de sorpresas y algunos “peligros”. Pero esta peripecia debe terminar con el retorno de Alegría y Tristeza a su lugar original, como canto del cisne, el Amigo imaginario ofrece, a modo de sacrificio, la ayuda para el viaje de retorno de las emociones expulsadas del centro de mando. Alegría y Tristeza vuelven al panel de control, transformadas en su visión de la vida, mientras tanto encuentran algo alterado su lugar pues ha sido comandado por la buena voluntad e inexperiencia de Ira, Disgusto y Temor, como mostrándonos que la adolescencia es una transición no exenta de cambios turbulentos.

Esporádicamente ingresamos además a los centros de control de los padres de Riley, solo para darnos cuenta que Alegría ya no comanda los paneles de control en la adultez, pero que en contraposición se han hipertrofiado otras zonas cerebrales como producto del proceso de maduración al que nos somete la vida.

Es cierto que Inside out realiza simplificaciones acerca del funcionamiento de la mente, privilegiando las emociones sobre el razonamiento, pero en compensación le otorga a los personajes que recrean a las emociones la capacidad de razonar y decidir en aras de la verosimilitud. Esto no desmerece la película sino más bien le permite una narración fluida y comprensible acerca de términos tan complejos como los mecanismos mentales. En Inside out predomina la visión del neurofisiólogo, con sus imbricadas redes neuronales, de la topografía cerebral con áreas dedicadas a funciones específicas, de las vacuolas llenas de neurotransmisores almacenando nuestras ideas, impulsos y recuerdos. Pero no se vaya a creer que tenemos neurotransmisores ya sea tristes, alegres o iracundos, o que hay un centro cerebral de la familia o de las emociones, toda nuestra mente es producto de una combinación de sustancias químicas, tejidos e impulsos eléctricos, procesos muy complicados y muchas veces todavía incomprensibles al entendimiento humano.

Inside Out es una nueva joya de Pixar, que nos habla de la necesidad de tener infancias felices, de no quemar etapas y permitir que los niños se porten como adultos, respetando los ciclos de la vida y que más allá de nuestras creencias o culturas no es posible que una sola emoción nos domine. Que tristeza, alegría, temor ira o disgusto nos son imprescindibles para amar, luchar o destacar profesionalmente, pero que es necesario el carácter, la personalidad, las percepciones, el juicio, la inteligencia, el conocimiento, el pensamiento, la abstracción, la imaginación y las fantasías, entre otros.

Nos dice además que entre todas las regiones cerebrales es necesario que todo adulto albergue un niño dentro, con aquella capacidad de  curiosidad y asombro que nos permita vivir de nuestras fantasías y descubrimientos, de los momentos felices y de reflexión, de alejarnos de la malicia y, porque no, de disfrutar de nuestras pequeñas explosiones de carácter.





viernes, 13 de febrero de 2015

El Amor y las especialidades médicas



Mi amigo Mel McGinnis estaba hablando. Mel McGinnis es cardiólogo y a veces eso le da el derecho a hacerlo. En este cuento de Raymond Carver De qué hablamos cuando hablamos de amor, dos parejas de casados por segunda vez pasan una tarde conversando acerca de sus vidas y sus amores pasados. La tarde esta soleada y toman ginebra. Terri, la esposa de Mel, habla de su primer esposo, un hombre que la golpeaba y que luego le pedía perdón llorando, a eso Terri le llamaba amor. No sé cómo podríamos llamarlo, pero estoy seguro que no debemos llamarlo amor, replica Mel. Pasa la tarde, se suceden los vasos de gin, pasan las historias de parejas, nuevas y antiguas, se oscurece el día y el narrador dice Oía los latidos de mi corazón. Oía el corazón de los demás. Oía el ruido humano que hacíamos allí sentados, sin movernos, ninguno o más mínimo, ni siquiera cuando la cocina quedó a oscuras.

La primera impresión del narrador de este cuento  puede ser cierta si atribuimos a que el corazón es el centro motor de nuestros amores, que se agita ante la presencia del ser amado y que duele hasta el infinito cuando lo perdemos. Pero estar enamorado es más que una sucesión casi infinita de sístoles y diástoles.

Igual derecho podría reclamar el neurólogo como depositario del sistema nervioso, cuyo sistema autonómico gobierna el ritmo cardiaco y provee de los neurotransmisores necesarios para desarrollar la tormenta química que desencadena el amor. De las sensaciones y sensualidades que provoca un beso o el roce esquivo de los cuerpos de los amantes. Muy cerca también disertarían los psiquiatras al hablar de emociones, percepciones, de las alteraciones del juicio y la conducta que se liberan con el vendaval afectivo de una persona enamorada. También pueden hablar de amores insanos y desquiciados, de aquellos que quiebran toda razón y que se rinden ante el impulso de la pasión. La mente también sería la responsable de las decisiones frías que se toman cuando se afirma que en materia del amor es mejor pensar con el cerebro que con el corazón.

Pero muy cerca está el endocrinólogo aduciendo que una revuelta hormonal es responsable de los flechazos de amor y del torbellino del amor apasionado, aquel que explota como una bombarda que ilumina el cielo y nos trasciende a alturas insospechadas. Pero tanto como nos eleva como que nos aterriza, a veces de mala manera, cuando la pasión se acaba o cuando la traición se consuma como una daga ácida que alguna vez nos ha cercenado la inocencia.

Por otro lado, pueden reclamar los hematólogos, ellos son responsables de la sangre que circula por todo nuestro cuerpo. La que nos ruboriza y enciende ante el estímulo adecuado, la presencia del ser amado o la sola evocación de su recuerdo. De igual manera, ellos estudian la médula ósea aquella que se evoca cuando se dice que alguien está enamorado hasta el tuétano. Y los huesos, ah los huesos, amor que estremece la carne y los huesos, como lo cantaban algunos trovadores, la tentación de la carne y aquellos amores que se impregnan en el hueso hasta hacerse eterno, perdurar más allá de la muerte. Carne y hueso, esqueleto y armazón, territorios del traumatólogo.

Qué decir de la hiperventilación y del oxígeno que purifica los pulmones en cada encuentro amoroso o del dicho fundir mi pecho en tu pecho. Alveolos, oxígeno, intercambio gaseoso, caja torácica que se agita con un suspiro o ante el asedio del deseo son patrimonio del neumólogo.

Amar es también sentir mariposas en el estómago cuando se besa, se percibe la mirada lánguida o el tenue perfume de la mujer amada. Vivir un amor intenso que nace de las entrañas o cuando aquellas se encogen al no tener noticias de quien amamos. También esta ese fuego lento y perverso que consume las entrañas a causa de los celos. Acaso todo ello no debiera de ser examinado por los gastroenterólogos.

Hay amores que nublan, que enceguecen. Amores que evocan estrellas entre la penumbra, chispitas en el aire que danzan cariñosas y coquetas. Amores que reflejan el rostro de la mujer amada hasta en los eventos más intrascendentes. Hay amores que hacen llorar ante la desidia, traición, desatención o desprecio. Pero hay otros quereres que agrandan las pupilas de alegría ante la presencia de la amada. En estos casos que nos queda sino invocar la ciencia del oftalmólogo para resolver las imágenes distorsionadas de nuestras vidas ante el amor.

Otros escuchan música, melodías dulces, el suave silbido de las aves, campanitas cuando caen en cuenta que ya se han enamorado: pero por oposición una ruptura genera tormentas, truenos o el silencio negro de la ausencia. Me pregunto si el otorrinolaringólogo podría ayudar en estos casos.

Pero el amor también es embriaguez, turbamiento y veneno. Un beso puede envenenar nuestros labios y convertirse en un brebaje esclavizador, nos puede sumir en el sopor o éxtasis más profundo como una ambrosía tóxica. Territorios del farmacólogo

Pero el amor es fruto prohibido, furtivo, esquivo, malevo, malsano, maniático, totalizador, que anula o agranda, te puede llevar al infinito o a la eternidad, pero también puede ser escaso, insuficiente, fugaz, delicioso néctar que da más vida, que perdura más allá de la propia existencia. De donde se saca entonces aquella valentía para ponerse de espaldas a la razón y luchar por un amor incomprendido o el coraje para pedir perdón.  Pero sobre todo el amor es humano, como un pequeño prisma que emite diferentes formas de luz, tan contradictorio como nosotros mismos.

Por eso ¿de qué hablamos cuando hablamos de amor?


Solo ustedes conocen su propia e intima respuesta.

jueves, 18 de diciembre de 2014

El discurso del Nobel Patrick Modiano


Fuente: www.nobelprize.org

Por varias razones, entre ellas la curiosidad y el apremio de mi taller de lecturas, estoy leyendo dos novelas del último premio Nobel, Patrick Modiano: Dora Bruder y Villa Triste. En lista de espera tengo En el café de la juventud perdida. Como reza la frase del anuncio del premio que le fue concedido por “el arte de la memoria que evoca los más ininteligibles destinos humanos y descubrir el mundo real  de la ocupación”.

Son novelas cortas, que permiten aproximarse al arte poética de este novelista. Novelas que permiten varias relecturas. Una manera de entender la obra de un escritor es conocer algunos detalles de su vida y del tiempo que le tocó vivir. El pasado 7 de diciembre en la sede de la Academia en Estocolomo, Modiano dio su discurso de orden. Publicado en francés, sueco e inglés, nos permite vislumbrar las pulsiones que llevaron a Modiano a escribir y a entender en parte la razón de  su obra, que como dicen algunos, es la misma novela escrita por partes, la vida de una localidad parisina en los tiempos de la ocupación alemana durante la Segunda Guerra Mundial.

El discurso es mucho más largo que los extractos que a continuación presento en traducción libre. Una paseo por las experiencias vitales de Modiano, la historia y aquella vieja relación entre los escritores y sus ciudades. Una invitación a la lectura de la obra del Nobel actual.

Es la primera vez que tengo que dar una conferencia frente a una gran audiencia y esto me tiene algo inquieto. Es fácil de imaginar que esto es sencillo y natural para un escritor, pero un escritor, bueno, en este caso un novelista, con frecuencia tiene una relación incómoda con el lenguaje. Me vienen a la mente la forma en que  las clases en el colegio diferencian entre el lenguaje escrito y el oral. Un novelista tiene más talento para las tareas escritas que las orales. Un novelista está acostumbrado a mantenerse en silencio y si quiere capturar alguna atmósfera en particular pues se sumerge dentro de la muchedumbre y escucha sus conversaciones sin inmiscuirse en ellas, solo interrumpe para hacer preguntas concretas que mejoren su entendimiento de las mujeres y hombres que participan en ellas. Su lenguaje es indeciso pues el novelista está acostumbrado a  corregir sus palabras. Es cierto que luego de varios borradores su estilo queda completamente claro. Pero cuando sale a hablar no tiene ningún medio a su disposición para corregir su vacilante discurso.

Pertenezco a una generación en que los niños éramos vistos pero no escuchados, hablábamos excepcionalmente en raras ocasiones y solo luego de pedir permiso. Pero nadie nos escuchaba, incluso los adultos seguían hablando entre ellos. Esto explica la dificultad que algunos tenemos al hablar, a veces vacilante, a veces muy rápido, como si esperáramos ser interrumpidos en cualquier momento. Esto acaso explica mi deseo de escribir, como acaso a muchos, les vino al final de la infancia. Uno esperaba que los adultos leyeran lo que uno escribía. De tal modo que pudieran escucharte sin interrupciones y supieran con certeza lo que sentías dentro, en tus entrañas.

Sí. El lector sabe más acerca de un libro que su autor. Entre una novela y su lector sucede algo parecido al proceso del revelado de una fotografía, de la manera que ocurría antes de las fotos digitales. La fotografía, mientras se imprimía en el cuarto oscuro, se hacía visible punto por punto. Este mismo proceso químico ocurre a medida que el lector avanza en la novela. Pero para que exista una armonía entre el autor y su lector, es muy importante no cansar al lector con palabras innecesarias – lo digo en el sentido similar al de aquellos cantantes que estiran innecesariamente la voz al cantar- sino engatusándolo imperceptiblemente, dejando el tiempo suficiente para que la novela se impregne poco a poco a través de un arte parecido a la acupuntura, donde la aguja debe insertarse exactamente en el lugar correcto para estimular al sistema nervioso.
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El París de la ocupación era un lugar extraño. En la superficie, la vida era “como antes” –los teatros, los cinemas, las salas de conciertos y los restaurantes permanecían abiertos. Se tocaban canciones en la radio. Incluso, las visitas a los teatros y cinemas eran mayores que antes de la guerra, como si aquellos lugares fueran refugios donde las personas se juntaban y conversaban como una forma de consuelo. Pero existían detalles extraños que indicaban que París no era la misma de antes. La ausencia de carros la hacían una ciudad silenciosa –un silencio que revelaba el ruido que hacen los árboles, el suave galope del andar de los caballos, el ruido de los pasos de la muchedumbre y el murmullo de sus voces. En el silencio de las calles y en el apagón impuesto desde las 5 de la tarde en el invierno, durante el cual estaba prohibida hasta la luz más tenue en las ventanas de las casas, la ciudad parecía ausente de si misma – la ciudad “sin ojos” como les gustaba decir a los ocupantes Nazis. Los niños y los adultos podían desaparecer de un momento a otro sin dejar huella. Incluso aun entre amigos nada podía ser dicho en forma explícita, las conversaciones nunca fueron sinceras a causa del sentimiento de amenaza que flotaba en el aire.

En este París que era un mal sueño donde cualquiera podía ser denunciado o capturado en una redada a la salida de la estación del Metro ocurrían encuentros ocasionales con personas cuyas vidas nunca se hubieran cruzado en tiempos de paz. Nacían frágiles encuentros amorosos dentro de la oscuridad de un toque de queda con la incertidumbre de no encontrarse más en los días siguientes. Tiempo después, como consecuencia de estos encuentros efímeros y a veces  indebidos, nacían los niños. Esta es la razón para mí porque el París de la ocupación fue siempre una clase de oscuridad esencial. Sin ella nuna hubiera nacido. Aquella París nunca dejó de atormentarme y mis libros son a veces bañados por esa luz turbia.
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Desafortunadamente pienso que el recuerdo de las cosas pasadas no puede ser hecho más con la el poder y la ingenuidad que lo hizo Marcel Proust. La sociedad que describió aún era estable, una sociedad del siglo 19. La memoria de Proust provoca que el pasado reaparezca en todo sus detalles, como un cuadro vivo. Hoy tengo el sentido que la memoria es menos segura de sí misma, ocupada en una constante lucha contra la amnesia y el olvido. Esta capa, esta masa de olvido que todo lo oscurece significa que solo podemos coger fragmentos del pasado, trazos desconectados, fugaces y casi ininteligibles destinos humanos.

Entonces, ante esta gran página blanca del olvido, la vocación del novelista es sacar a flote una vez más aquellas pocas palabras desvanecidas como esos icebergs que vagan sin rumbo sobre la superficie de los océanos.
  


viernes, 5 de diciembre de 2014

Crónicas Robóticas



Devoción por los números. Contamos calorías al comer y las que gastamos en el gimnasio. Revisamos la cuenta bancaria, los intereses y las moras. En las empresas te piden que eleves tu cuota. Cada semana nos disparan encuestas de opinión desde lo útil a lo más banal. Nos miden el índice de alcoholemia, el límite de velocidad. Los semáforos muestran los segundos que pasan. Las actividades empresariales y gubernamentales se miden por indicadores cuantificables. Los exámenes de rendimiento se miden en números. Las películas y los libros tienen un ranking numérico de aceptación y número de ventas. Los restaurantes se miden en tenedores. Los médicos medimos la presión, la hemoglobina e innumerables variables corporales. Y hasta los estudiantes de medicina torturan a sus pacientes haciendo métricas del dolor ¿cuánto le duele, cómo de 7 sobre 10?

Es innegable que el uso de ciertas métricas ha logrado un notable mejoramiento de la calidad de vida. Pero todo tiene un límite. Hemos entregado nuestras mentes y emociones a las máquinas. Vemos el mundo a través de las fotos del celular. Acaso miles de jóvenes el único sobre que han visto es el ícono de mensajes del teléfono. Una pantalla de celular o computadora reproduce relojes, brújulas, cámaras fotográficas, animales, nubes, contenedores  y otros tantos objetos que fueron parte de la vida solo hasta hace poco. Las nuevas generaciones a edades cada vez más tempranas se exponen a la tecnología, lo cual no es malo, lo incorrecto es que asuman que lo técnico es omnipotente y prioritario sobre lo natural.

Miles de personas, sino millones comen, caminan y trabajan con los ojos pegados a una pequeña pantalla. Desastrosas son las imágenes de parejas que no conversan entre sí pues cada cual está pegada a su móvil. Los adolescentes en lugar de interactuar, correr, saltar se conectan a una aplicación y me pregunto si en las discotecas mientras bailan continúan viendo su pantalla.

Nos estamos deshumanizando a grandes pasos. Somos cardúmenes de personas moviéndonos en dirección de tendencias o #hashtags. Aceptamos las cosas como vienen, sin cuestionar. Padecemos de una lobotomía virtual y mediática. Somos robots con funciones vitales y biológicas.

Por otro lado, lo inanimado se hace más inteligente. Los teléfonos, las computadoras y los robots mejoran su rendimiento y su capacidad de procesar información. Cada vez son más capaces de alcanzar autonomía. El sistema de chips y circuitos sigue la secuencia de algoritmos y conexiones que imitan al cerebro humano. En algunos casos le faltan las emociones, pero el día llegará pronto.

La inteligencia artificial está a la vuelta de la esquina. Stephen Hawking acaba de declarar que el desarrollo de una inteligencia artificial completa es una amenaza para la humanidad. Para otros estamos lejos, pero observo una peligrosa tendencia en que los humanos se robotizan y los robots se humanizan al punto que acaso algún día las líneas se intersecten. La humanidad no solo es sentimientos sino valores como el respeto, la caridad, la misericordia, la justicia pero ver cómo nos comportamos cada día se me escarapela la piel al pensar a dónde llegaremos si todo sigue igual.


Toda novedad tecnológica es un arma de doble filo pero debemos reservar la entereza moral que sea capaz de evitar que como humanidad cometamos un error irreparable. 

jueves, 20 de noviembre de 2014

La Relatividad de los sentimientos humanos


Fuente: Interstellar.com

En la película Interestelar, una niña cree que los fantasmas desordenan la biblioteca de su padre. Ella vive en  una Tierra post apocalíptica, acaso al borde de la extinción. Ya no tiene ejércitos y donde el bien más escaso es el alimento. Para complicar las cosas, el clima ha cambiado tanto que la sequía y las tormentas de polvo son comunes, haciendo la vida cotidiana más difícil e irrespirable,  más aun, las plagas diezman las cosechas aumentando la hambruna.

En medio de todo ello, conocemos a Cooper, un ingeniero y ex piloto espacial que ahora trabaja como granjero. Pero aquel mundo ya no necesita pilotos, solo agricultores. Cooper vive con su suegro y sus dos hijos, su esposa falleció por una enfermedad que en otra época hubiera sido detectada a tiempo. Cooper matiza su rutinaria labor como granjero mejorando el funcionamiento de tractores y segadoras pero nunca pierde la fascinación por el espacio ni las naves espaciales.

Murph, es la hija de Cooper. Murph ha heredado la capacidad de observación y deducción lógica de su padre, quien ante la creencia sobre fantasmas opone el método científico. Sin embargo, los “fantasmas” continúan emitiendo señales. Murph, siguiendo el patrón de señales que apunta en su cuaderno, descifra un mensaje de los fantasmas que Cooper interpreta como coordenadas. Este mensaje los lleva a un lugar secreto.

Más adelante, impulsado por un antiguo profesor, el Dr. Brand que continua trabajando para la NASA, Cooper encuentra la oportunidad de emprender una misión secreta y volver al espacio, esta vez en busca de nuevos planetas que alberguen a los seres humanos que encuentran cada vez más hostil la supervivencia en la Tierra. Más allá de realizar el sueño de todas su vida, Cooper enfrenta el conflicto real de dejar el planeta en pos de la salvación de la humanidad contra la necesidad de criar y ver crecer a sus hijos. En un viaje interestelar, el tiempo pasa más lento para quien viaja más rápido y es posible que a su regreso a la Tierra, Murph y Cooper tengan la misma edad. Paradojas de la teoría de la Relatividad.

Cooper y un  grupo de exploradores interestelares, entre ellos la hija del Profesor Brand, se lanza al espacio y saltará grandes distancias galácticas aprovechando la oportuna presencia de un Agujero de Gusano, un túnel en el espacio-tiempo intergaláctico que es un atajo que conecta grandes distancias que de otra manera tardarían años luz en alcanzarse, como un papel que se curva para unir dos puntos muy distantes. Además de pasar el agujero de gusano, la nave Endurance aprovecha la fuerza gravitacional de los sistemas estelares para darse impulso. Así, Cooper, Brand, Romilly y Doyle, desde el Endurance, desembarcan en planetas hostiles para la vida como la conocemos, pero más que eso descubren la enorme distancia que separa la teoría de la realidad, del engañoso poder de las apariencias y que un hecho objetivo no necesariamente es lo que pretende. Mientras aquellos exploradores descubren nuevos planetas y los propios límites de lo humano, no dejan de mantener el vínculo afectivo con sus seres queridos, el amor filial, una dimensión desconocida para las leyes astrofísicas. Este viaje alcanza su clímax cuando Endurance alcanza los bordes de un agujero negro, llamado Gargantúa, donde el espacio-tiempo se curva en un fondo de saco y la teoría de la relatividad se encuentra con la física cuántica en niveles que una mente humana no puede imaginar.

Murph y Cooper tienen una deuda afectiva pendiente, y cada uno a su manera emprende una aventura de aprendizaje que a la lejana, muy lejana, distancia se potencia mutuamente. Padre e hija, tienen una inteligencia tal que les permite comunicarse en códigos inesperados. Y entre ellos, como una nave interestelar, se cruza un bellísimo poema de Dylan Thomas, que atraviesa el campo cósmico a lo largo de los años luz: “No vayas tan de prisa hacia la perfecta noche…”. Es a través de aquel poema, una de las claves de la película, que entendemos la elasticidad del tiempo y del espacio, que de hacerse tan dúctiles y tersos devienen en circulares.  

Una fantasía calculada a partir de hechos científicos concretos, aunque con algunos vacíos narrativos, donde era mejor mostrar que contar, pero de una innegable belleza e impacto visual. Filmada en 70 mm, bajo el sistema IMAX, Interestelar durante sus 170 minutos, nos mantiene flotando en el inconmensurable éter del cosmos, donde al final del viaje podemos encontrarnos a nosotros mismos y a nuestro propio destino. Es una película sobre nuestros límites, de nuestra fragilidad en el tiempo y el espacio, nos habla de nuestras decisiones erradas y culpas, así como de los conflictos que generan las situaciones extremas.

“No vayas tan de prisa hacia la perfecta noche,la senectud debiera ser violenta e iracunda al final del día,iracunda, iracunda ante la extinción de la luz”