miércoles, 22 de mayo de 2013

Aren´t you, old sport?



El jazz fue en los locos años 20 lo que el hip hop es en los años adolescentes del siglo XXI. La nueva adaptación de El Gran Gatsby realizada por Baz Luhrman logra trasladar la turbulencia de los años opulentos de la bonanza de Wall Street y la generación de riquezas ilícitas por la prohibición del alcohol a la sociedad del hiperconsumo de hoy. Nada parece haber cambiado en esta elipsis de casi 100 años, la ostentación, la superficialidad y la diversión desenfrenada. Luego de la Primera Guerra Mundial, en  los locos años 20 los Estados Unidos expandían su economía y sus ciudades, se convirtió en potencia, creciendo por la inspiración de sus visionarios y el empuje de una clase obrera heredada en parte de la esclavitud negra, mientras sus millonarios languidecían de aburrimiento, disfrutando de los inventos post revolución industrial. Esta abulia era combatida en interminables fiestas o en oscuros gambitos, estos últimos donde se hacían negocios o se solidificaba la corrupción, con sus vasos comunicantes entre el poder institucional y los poderes subalternos.

Esa es la figura que cuenta Nick Carraway a su siquiatra, o más bien escribe como forma de terapia, la historia de su relación con Jay Gatsby, un nuevo rico llegado de la nada, sin familia o antecedentes conocidos pero que vive solo en un mansión del East Egg  (el lugar de los nuevos ricos) y que cada noche desde su pequeño muelle divisa a lo lejos la luz verde, justo frente a él,  al otro lado de la bahía, una de las mansiones del West Egg –el sitio de la aristocracia-.

El solitario Gatsby se hace conocido en sociedad  por sus descomunales fiestas, de vestidos elegantes, de bailes interminables, atendidas por decenas de mozos con un flujo ilimitado de licor. Una trompeta con sordina abre la fiesta y la cierra un piano incansable. Pero en esta versión de Gatsby la música es una mezcla de hip hop y jazz con una percusión contagiosa. Y la sucesión rápida de planos fotográficos traduce el desenfreno de la época.

Pero en medio de las fiestas transcurre la vena de la trama, una historia de amor y de apariencias. Gatsby ha creado un mundo artificial de lujo y esplendor, pero también de una postiza sofisticación, por ejemplo una biblioteca enorme con libros de verdad, como lo atestigua un visitante de una de las fiestas, que borracho decide sumergirse en los libros en lugar que el baile y la conversación. Detrás de esta construcción de glamour está la verdadera intención de Gatsby, recuperar al amor de su vida.

Gatsby ha congelado por años la imagen de Daisy, quien lo deslumbró antes de irse a la guerra y con quien tuvo un fugaz encuentro. Pero Daisy era de la aristocracia y Jay un don nadie. El correo de la guerra jugó una mala pasada y Daisy terminó casándose con un exitoso aristócrata, Tom Buchanan, quien alimenta su ego con amores furtivos.

Así tenemos a Nick Carraway, el puente entre Jay y Daisy que re descubren su amor, mientras Tom siente que su aparente tranquilidad se desmorona cuando su esposa y su amante salen del control férreo que ha impuesto. Un bienestar postizo propio a sus conveniencias.

El Gran Gatsby es una versión muy pegada a la novela de Fitzgerald, sobre todo en los diálogos, es muy visual con guiños permanentes al siglo XXI, con carrera de autos –a 60 km/h- incluida.  Es la historia de un amor que se congeló en el tiempo y la de una obsesión, la de crear un mundo artificial para satisfacer a la persona amada. Un mundo que sólo tiene vida cuando Daisy pasa horas en la mansión, cuando el tiempo se detiene. Cuando Jay realmente es feliz, una personalidad solitaria de pocos amigos -a quienes llama con un eufemismo, old sport- y un solo gran amor.

Pero la crisis se desencadena cuando caen las caretas y la burbuja revienta, llevando consigo consecuencias trágicas.

Lurhman se permite unas licencias para dar coherencia a la película y aquellos hermosos diálogos y monólogos literarios de la novela original son compensados con artificios visuales.

La era del jazz a ritmo de hip hop, la nueva adaptación de El Gran Gatsby en el siglo XXI.

miércoles, 17 de abril de 2013

Bucólica Adolescencia


Ahora leo la Ciudad de las Acacias de Mihail Sebastian, una tierna y bucólica historia sobre la personalidad femenina contada desde la pubertad de la protagonista.

Aún estoy en las primeras páginas, cuando Adriana Dunea experimenta en su cuerpo y en sus sentimientos los cambios de la adolescencia, como cuando florecen las acacias. Su amiga Margareta, adolescente como ella y compañía de sus pensamientos juveniles, deja escritas estas líneas en el diario de Adriana:
 
Todo es inútil, todo inestable
En este mundo y en esta vida,
Pero mi querida, solo es gratificante
La amistad de una amiga.  

Líneas que expresan el angustiante pero inexorable devenir de los cambios de una persona y aquella secreta complicidad naciente entre dos jóvenes que están aprendiendo a ser mujeres.
 
p.s. Las líneas originales son traducidas artesanalmente del francés original que aparece en el libro en castellano

El Incoloro Tsukuru Tazaki


A continuación una traducción personal de la reseña aparecida en The Asahi Shinbum sobre “Shikisai wo Motanai Tazaki Tsukuru to, Kare no Junrei no Toshi" (Colorless Tsukuru Tazaki and His Years of Pilgrimage), la nueva novela de Haruki Murakami:

Tsukuru Tazaki tiene 36 y está soltero. Su fascinación infantil por las estaciones de trenes lo llevó a trabajar en la oficina de diseño de estaciones de una compañía de ferrocarriles.

Durante sus años de secundaria en Nagoya Tsukuru tenía cuatro amigos íntimos- dos chicas y dos chicos- Aquellos cinco amigos eran totalmente distintos en carácter pero formaban una relación cercana y equilibrada similar a un pentágono equilátero.

A excepción de Tsukuru todos ellos tenían un apellido relacionado a un color –de acuerdo a la grafía kanji- por ello sus apodos eran “rojo”, “azul”, “blanco” y” negro”. Solo Tsukuru no tenía color que lo identificara, además fue el único de los cinco que estudió en una universidad, en Tokio. Antes de cumplir los 20 años, de regreso de unas vacaciones universitarias, Tsukuru se da con la sorpresa que sus amigos en forma unilateral han decidido cortar todos los lazos afectivos y amicales con él. Tsukuru queda con una sensación de pérdida y de interrogación acerca de aquella dramática decisión.

Tsukuru entra en shock y en un estado de gran desolación. Al retornar al mundo real, Tsukuru ha sufrido un cambio dramático de tal magnitud que considera que es otra persona.

En los siguientes 16 años nunca se volvió a encontrar con alguno de los que consideró sus más cercanos amigos. Sin embargo, a causa de su trabajo conoce a una mujer interesante y atractiva llamada Sara, quien es dos años mayor que él. Ella le menciona que ya es el momento que Tsukuru averigüe las razones por las que sus amigos lo dejaron abruptamente y lo sometieron al ostracismo.

Así comienza el peregrinaje de Tsukuru.

Tsukuru se percibe a sí mismo como sin valor y un envase vacío. Una de las razones es porque no tiene “color”. Sin embargo, su nombre tiene el carácter kanji de “ta”, que significa “varios”. Además, el hecho que sea un envase vacío significa que tiene la capacidad de albergar sustancias diferentes, tanto de lo bueno como de lo malo.

Finalmente, el peregrinaje lo lleva inesperadamente a una zona rural de Finlandia donde descubre de una sola vez todas las razones que indujeron la razón de sus amigos 16 años atrás, los cambios que les ha ocurrido desde entonces y cómo viven ahora.

Un número de hechos, coloreados con dolor y ternura, así como un número de misterios que quedan por resolver, y que probablemente queden irresueltos, emergen de tal proceso.

Al ser preguntado Haruki Murakami acerca de la creación de esta novela, refirió que luego de escribir las primeras líneas, continuó haciéndolo sin tener una idea clara de cómo la terminaría.

Así nos quedamos con una historia de soledad, despersonalización y melancolía, pincelada con los clores de la usual fantasía que Murakami pinta en sus obras. Acaso un viaje místico y la presencia de un hada evanescente.

Es probable que estemos ante una fantasía inacabada. Enigma que esperamos resolver cuando llegue la traducción de “El Incoloro Tsukuru Tazaki y sus Años de Peregrinaje” –traducción personal- título que me evoca a novela de Alfredo Bryce.

 

lunes, 1 de abril de 2013

Aislamiento Social


Esta - felizmente- es una historia inventada.

En una Lima desolada con el gris de costumbre una epidemia diezma en silencio a la población adulta. En menos de dos días una persona enferma que padece sucesivamente de tos seca, dolor torácico, fiebre y diaforesis se desploma hasta fallecer en silencio. Sin estertores ni elocuentes sangrados, siguiendo la nunca escrita norma limeña de hacer las cosas sin hacerse notar.

Luego de la muerte sigue el control de daños: Identificar al occiso para llenar un registro más para la ficha epidemiológica y al final decretar la evacuación y desinfección del área, que queda así restringida por el riesgo biológico. Terminada la acción de los actores principales en esta tragedia ingresan los tramoyistas, aquellos anónimos que se encargan de lavar los fluidos corporales de la zona y de descartar el cadáver, incinerando sus restos en un paraje solitario.

Uno de aquellos toma un nombre y se personifica bajo el nombre de Eusebio, una persona que hasta entonces era parte del decorado de trajes blancos y mascarillas de protección pero que se hace visible por un hecho fortuito. Eusebio es una persona de un sentido muy práctico, casi sin imaginación y resignado a una vida sin trascendencias. Regresar a casa, dejar la llave en la mesa y desinfectarse en una rutina sombría y agobiante. Hasta que encuentra a Joaquín, un niño que por la epidemia queda huérfano y sin lazos familiares.

Entonces Eusebio emprende una doble búsqueda, la de insertar a Joaquín dentro de un sistema de protección social y la de su búsqueda interior acerca del significado de su propia vida. Esta búsqueda lo lleva a un asilo a visitar a su padre, rezago actual de una figura autoritaria del pasado. Eusebio recibe como un espejo el rol de padre protector y al parecer se siente bien con ello, aunque para llegar a tal estado deba pasar por una transición complicada.

Desde entonces pasa a hacer visitas y preguntas, en consultorios, oficinas y dependencias de un sistema más preocupado en contener la epidemia que en dramas personales. En el esfuerzo por deshacerse de una responsabilidad, la custodia no solicitada de un menor, Eusebio encuentra el significado de su vida.

-          ¿Quién es usted? , pregunta una trabajadora social en una oscura oficina

-          Nadie, responde Eusebio

Allí delante de Joaquín, Eusebio reconoce que toda su vida no ha tenido sentido y que solo era un número entre miles. Desinfectando anónimamente y protegiendo en forma indirecta pero sin ninguna trascendencia personal.

En los días siguientes Eusebio se hace cargo de aquel huérfano, quien en su búsqueda de protección y de temor a lo desconocido no tiene mejor idea que usar como casco una caja de cartón y luego uno real de plástico. Juntos recorren una ciudad sombría, invernal y lluviosa, pasean por colinas sin vegetación, por estadios y centros comerciales vacíos, por calles sin autos ni personas.

Las escenas de El Limpiador cumplen con el protocolo de Aislamiento Social frente a una epidemia de transmisión respiratoria. Una ciudad vacía y brumosa aumenta la angustia de un niño sin padres y con miedo a la muerte, así como la de un adulto confundido ante la responsabilidad de su nuevo rol. Una melancolía que se abre paso de a pocos hasta tomar por asalto el resto de escenas.

Y es Eusebio, un aislado social por naturaleza quien protege a Joaquín ante la negativa del padre biológico encontrado que se niega a reconocer a su hijo. Pero Eusebio comienza a toser y a tener un poco de fiebre, uno de los médicos de su hospital identifica parcialmente los síntomas de aquella “pestis sudorosa’ o “sudor inglés” antiguos nombres de una epidemia similar que azotó un imaginario Londres del siglo XV.   

El tiempo se acorta pues Eusebio ha pasado los días considerados mortales de acuerdo a la historia natural de la enfermedad y como los niños no se contagian continua con su búsqueda de familiares directos. Hasta que encuentra a una tía a quien cederle la posta.

Cuarenta días esperaban los barcos en el puerto veneciano antes de desembarcar por peligro a transmitir la peste. Cuarentena del pasado. Aislamiento social de hoy.

En una Lima de cielos brumosos y tonos grises, con cementerios llenos de lápidas con nombres y de calles vacías. Donde los adultos usan mascarillas y un niño únicamente una caja de cartón. Cuando todos se miran con desconfianza y en el rostro de los médicos se imprime el cansancio y la frustración. Un cierto día aparece el sol a través de la ventana.

Y Nadie se convierte en Alguien.

martes, 12 de marzo de 2013

Ejercicios Mentales


El proceso diagnóstico es como la reconstrucción de un hecho criminal, se van recopilando piezas sueltas que pueden aparecer desde el inicio o durante la pesquisa, hasta armar el rompecabezas. Sin embargo, el trabajo no siempre es fructífero, pueden faltar el ingenio, la perspicacia o simplemente las piezas.

Veamos por ejemplo el caso de Hugo Chávez, siempre faltaron piezas. La información oficial siempre fue incompleta e inexacta pero algunos indicios solo nos dejan en el rango de sospechas. El secretismo no es un patrimonio de dictaduras, sino denle una mirada al libro “En el Poder y la Enfermedad” de David Owen (Siruela, 2010). El autor no solo es médico sino además fue miembro del Parlamento y luego Secretario del Foreign Office del Reino Unido, así que tuvo una mirada certera y cercana de las enfermedades de algunos dignatarios.

Volvamos al tema de Chávez. La última imagen suya es despidiéndose rumbo al tratamiento en Cuba. Luego el silencio y las especulaciones. Sorprendía que no hubiera imágenes o audios que delataran un estado de conciencia mínimo, lo que hacía sospechar una complicación intra o post operatoria, de aquellas que requieren el soporte de un ventilador y el mantener artificialmente las funciones vitales.

La fotografía donde aparece leyendo un diario con sus hijas, a mediados de febrero –si creemos en la veracidad y temporalidad de la imagen- muestran un paciente adelgazado con el cuello cubierto, acaso ocultando una traqueotomía, pero sobre todo usando una almohadilla para sostener la cabeza, lo que sugiere una gran debilidad e incapacidad funcional. Sospecho que no se alimentaba normalmente, acaso le retiraron la sonda nasogástrica para la foto familiar, lo que agrava su condición clínica general. Mis sospechas de traqueotomía se basan además en la ausencia de audios posteriores, en una persona que hablaba horas de horas, que apaguen las especulaciones a nivel global.

Un paciente así, debilitado al extremo –por el cáncer y su tratamiento-  y postrado en cama, es presa fácil de complicaciones como que de hecho ocurrió. Las secreciones bronquiales se acumulan por falta de movimiento, los gérmenes crecen y el organismo se defiende mal. Una historia conocida y repasada muchas veces. Una neumonía pudo desencadenar la cascada de fatalidades que lo devolvió pronto a los sistemas de vida artificial. La verdad final estará siempre lejos del alcance del hombre común pero bien vale un ejercicio.

Ejercicios mentales que desembocan en un diagnóstico, a veces por raciocinio, otras por azar, pero siempre luego de un trabajo paciente y ordenado.

 

 

viernes, 8 de febrero de 2013

Primeras Lecturas

 
De la Tierra a la Luna fue la primera novela que léi por voluntad propia, desde entonces centernares de obras han paseado por mi memoria. Aquella vez la lectura de una bala disparada hacia la Luna me permitía dar esos saltos temporales a los mundos inexplorados de mi imaginación. En aquellas fantasías infantiles me sentía más alto, más fuerte y más avezado de aquel niño de anteojos grandes que prefería ver la vida desde la periferia y que disfrutaba mucho de conversar con los adultos.  No sé si la lectura acrecentó mi tendencia a la soledad o la lectura impenitente es solo una expresión de mi personalidad. Lo cierto es que los libros aparecían uno tras otro, pero no sólo eran los grandes tomos, devoraba los diarios, los chistes (ahora llamados comics) y las revistas.  Antes me bastaba leer, luego comentaba las lecturas en las reuniones a las que me llevaban mis padres, luego en el colegio y la universidad las lecturas eran alimento para las discusiones literarias o científicas. Con el tiempo caminar con un libro en la mano o dentro de la mochila se convirtió en una obligación como el de cargar siempre las llaves de la casa, mientras éstas me permitían el ingreso al hogar, aquellos me abrían el paso a otros mundos.
 
Ahora en cada lectura o relectura, coloco un post it en las páginas que para mí son relevantes y he llegado a armar fichas bibliográficas con cada libro que leo. Además cada novela me lleva a otras obras, de ficción o ensayo, a lo que llamo lecturas paralelas y he llegado incluso a utilizar las novelas como base para mis discusiones clínicas. Un libro llena todos mis espacios en blanco en una suerte de barroquismo literario o miedo al vacío temporal.
 
El mundo de la novela es una realidad virtual que permite alcanzar otras magnitudes de la dimensión humana. Por eso, anímense a leer novelas, es una experiencia de la que no querrán salir.
 
Lo puedo asegurar.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Para antes del fin del mundo

Los siguientes son libros que esperan pacientemente ser leídos:



 
 
 
 
 



 
 
 


Llegaré?