lunes, 3 de octubre de 2011

Los Infinitos

Ahora que las nubes se diluyen por el sol de primavera, una traducción libre del primer parrafo de Los Infinitos de John Banville:







De las cosas que creamos para ellos y con las que podrían deleitarse, el amanecer es la que más funciona. Cuando la oscuridad se desvanece en el aire como suave y menudo humo y la luz se extiende lentamente desde el Este, entonces todos, a excepción de los humanos más miserables, comienzan a reponerse. Este es un espectáculo que nosotros los inmortales disfrutamos, una diaria resurrección mínima, y que con frecuencia nos reúne al borde de las murallas de las nubes para observar desde lo alto como despiertan nuestros pequeños para dar la bienvenida al nuevo día. Que silencio nos cae de pronto entonces, el silencio triste de nuestra envidia. De hecho, muchos de nuestros pequeños continúan durmiendo, sin dar importancia al encantador ardid matutino de nuestra prima Aurora. Pero existen siempre los insomnes, los inquietos patológicos, los no correspondidos en el amor desparramados en sus camas solitarias o, simplemente los madrugadores y atareados, con sus ejercicios y sus duchas frías, y, con sus pequeñas tazas recargadas de ambrosía negra. Así es, todos en mayor o menor medida presencian y reciben con alegría el amanecer, excepto los condenados a muerte, para quienes la primera luz será la última sobre la tierra.

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