miércoles, 18 de julio de 2012

Naturaleza Humana





Mi lectura de la semana es Un verano sin hombres de Siri Hustvedt, casi un monólogo interior desde un punto de vista muy femenino acerca de los logros y sinsabores de un matrimonio, sobre todo cuando el esposo decide tomar una pausa.
Como la lectura de un buen libro siempre tiene lecturas colaterales, esta vez me remití a hojear algunas páginas de Fisiología del Matrimonio de Honoré de Balzac, para lo cual solo transcribo algunos párrafos que pueden llevar a la reflexión y otros a una culpable sonrisa.
“El matrimonio se deriva de la naturaleza. La familia oriental difiere completamente de la occidental. El hombre es ministro de la naturaleza, y la sociedad la modifica. Las leyes se han hecho para las costumbres, y las costumbres cambian”
El matrimonio puede, por consiguiente, recibir el perfeccionamiento gradual a que todas las cosas humanas están sometidas.
Estas palabras dichas por Napoleón en el Consejo de Estado, cuando la discusión del Código Civil, impresionaron vivamente al autor de este libro…”
Como conoce la historia Napoleón Bonaparte  se casó con Josefina de Beauharnaiz, para ella fueron sus segundas nupcias y ya contaba con dos hijos,  y luego se marchó a la Campaña de Italia obteniendo allí parte de su mito como estratega militar. Josefina fue coronada Emperatriz junto a su esposo en 1804  y años después Napoleón le pediría el divorcio – aconsejado por su ministro Talleyrand- aduciendo el que ella no podía tener hijos y casarse con  la Archiduquesa María Luisa de Habsburgo-Lorena, llegando a tener un heredero y consolidando una unión diplomática con la casa real austriaca. En el ínterin Napoleón se enamoró de la Condesa polaca María Walewska con quien también tuvo un hijo.
En el libro además de muchas deliciosas historias matrimoniales, Balzac expone lo que para él son las razones por las que un hombre podría casarse:

Por Ambición… esto es muy conocido

Por Bondad, para libertar a una hija de la tiranía de su madre

Por Cólera, para desheredar a los parientes colaterales

Por despecho de una amante infiel

Por Enfado de la deliciosa vida de soltero

Por Fealdad, temiendo que llegue un día en que no pueda encontrar mujer

Por Ganar algo, como Lord Byron que lo hizo por ganar una apuesta

Por Honor, como Jorge Dandín

Por Interés, como se hace casi siempre

Por Juventud, como lo hace un colegial atolondrado

Por Locura, y el matrimonio siempre lo es.

Por Maquiavelismo, para heredar cuanto antes de una vieja.

Por Necesidad, para legitimar a nuestro hijo.

Por Obligación, cuando la novia ha sido frágil.

Por Pasión, para curarse de ella.

Por Querella, para acabar un pleito.

Por Reconocimiento, y es dar más de lo que hemos recibido.

Por Sabiduría, como lo hacen todavía los doctrinarios.

Por Testamento, cuando un tío muerto hace un legado con esa condición.

Por Usanza, para imitar a los antepasados.

Por Vejez, para tener quien lo cuide a uno durante los últimos años de su vida.

Por Yatidí, que es la hora de acostarse y significa todas las necesidades de esa hora entre los turcos.

Desde la época que se escribió este libro en 1829, algunas razones han quedado vigentes, otras no tanto y acaso algunas hayan sufrido una leve transformación para actualizarse.

Queda en la conciencia de cada uno saber porque lo hizo. Mientras tanto me voy acercando al final de la novela de Hustvedt y en algunos casos confirmando o conociendo de novo los diversos matices de la naturaleza humana.




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