martes, 31 de mayo de 2011

Las Fosforescencias de Murakami





A pesar de que trato de llevar una lectura ordenada, es decir leer una novela a la vez y de principio a fin antes de comenzar una nueva, me gana el desorden o en este caso el apetito e ingreso en un binge literario: salto de una novela a otra o bien a un libro de ensayos o a obras de otras disciplinas, teniendo entre mis favoritas a las de ciencias naturales, historia y filosofía; y, como en un juego de hilos quedo enredado en cada una de las tramas que me propone cada uno de los libros, enredado pero satisfecho.

Acabo de terminar la lectura 1Q84 (Haruki Murakami) el pasado domingo y aún con la resaca de las más de 700 páginas de los libros 1 y 2, disfrutando con las decenas de ramificaciones del texto, tanto en términos de conceptos como de interpretación literaria, y me propongo recuperar las historias clínicas subyacentes en el texto primario, en uno de mis saltos literarios tomé por curiosidad Cazadores de Microbios de Paul de Kruif: donde se narran las peripecias de algunos microbiólogos famosos. Al azar leí el capítulo referente a Paul Ehrlich, que como estudiante de medicina se interesó en la coloración de los tejidos corporales, quien utilizando el concepto de las reacciones químicas que producen los colorantes se acercó a la naturaleza de las reacciones del sistema inmunitario. Ehrlich buscó además incesantemente un químico que pudiera combatir algunas de las enfermedades infecciosas que en ese entonces diezmaban al ser humano sin la oposición de los medicamentos. En sus innumerables intentos de utilizar colorantes contra los microbios, encontró su Bala Mágica, como él la llamaba: la primera cura contra la Sífilis, el Salvarsán o compuesto 606.

La concurrencia de lecturas múltiples a veces genera coincidencias felices: una de las frases expresadas por Ehrlich calzaba con una de mis divagaciones acerca de la novela Murakami, la ficción acerca del mundo 1Q84 y sus dos lunas. Ehrlich, obsesionado por las reacciones químicas y el hallazgo de un compuesto que destruyera los microbios dentro de un cuerpo enfermo, le dijo un día a uno de sus colaboradores:



La vida está basada en oxidaciones normales. Los sueños son una función del cerebro y las funciones cerebrales son meras oxidaciones. Los sueños son algo así como una fosforescencia del cerebro.

Casi como copiado de 1Q84: iluminaciones de dos lunas, tormentas eléctricas que marcan la transición imperceptible entre dos mundos. Pasé del mundo de fantasías científicas de Ehrlich, en un libro editado en 1942, antes del descubrimiento de la penicilina al mundo de fantasías literarias de Murakami en el presente siglo

En 1Q84 además tales fosforescencias me evocan la eclosión de millones de vesículas presinápticas liberando neurotransmisores y como Ehrlich aproximó hace muchos años: provocando pequeñas explosiones químicas que dan lugar a los sueños, como espejismos del subconsciente y, a su vez, en el estado de vigilia, el de crear las ficciones que pacientemente se convertirán algún día en la matriz de una obra literaria.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Las Máximas de Loeb




Confieso que no todos los días ir a trabajar se convierte en un placer, por más que me guste lo que hago. Hay días en que preferiría quedarme en casa, terminar de leer mis pendientes y escribir los textos que mis demonios literarios obligan. Ayer fue uno de tales días. Sin excusa para llamar a mi jefe y decirle que no iría a trabajar llegué temprano al hospital. Sabía que mi jornada sería corta para cumplir con lo planificado, obligado a ir a una reunión sobre Telemedicina, le avisé a mi Interno que disponga de todo para iniciar la primera visita de la mañana (Interno: estudiante del último año de Medicina que realiza sus prácticas pre profesionales).

La visita de la mañana es crítica pues recapitula lo que ha pasado durante la tarde y la noche previas, se revisa el cumplimiento de las metas trazadas en el manejo del paciente y se planifica lo que se actuará en las siguientes horas. Yo esperaba una mañana prolija en hallazgos.

Pero no sucedió así. Para variar, al comunicarle sobre la visita, el Interno tomó la misma cara de sorpresa que pone desde el momento que llegó, hace ya 45 días. El día previo le había dado todas las explicaciones posibles para gestionar el drenaje de un paciente con absceso hepático: le expliqué los fundamentos del tratamiento, a quién debería buscar -al radiólogo intervencionista-, que instrumental necesitaría y los procedimientos administrativos para conseguirlo.

- Eduardo ¿qué dijo el radiólogo?
- ¿Cuál radiólogo?
- El que iba a hacer la punción hepática.
- No sé. Pero vino el cirujano
- ¿Quién te autorizó a llamarlo?
- Yo lo hice
- ¿Para qué?
- Para que evalúe al paciente

Revisé las notas del cirujano, quien sugería continuar con el tratamiento, decía que el paciente no necesitaba cirugía y que…debería de llamar al radiólogo intervencionista. En ese momento, la sangre alcanzó su punto de ebullición, pues al no haber registrado el Interno en las notas de Evolución clínica (lo que acordamos el día previo) aparecía en la historia como que el cirujano era el autor de la idea. No solo yo quedaba como un tonto sino que el Interno me había hecho romper la 4ta máxima de la Medicina Interna.

Más aún, al revisar el archivo del paciente encontré los mismos errores administrativos de todos los días y que el Interno se niega, consciente o inconscientemente, a resolver a pesar de haber probado toda suerte de herramientas de persuasión educativa, como por ejemplo explicarle los niveles cognitivos de la Taxonomía de Bloom (Conocimiento, Comprensión, Aplicación, Análisis, Síntesis y Evaluación) hasta las infinitas recomendaciones sobre que es mejor aprender haciendo. Pero mi Interno imprime a las cosas su propia velocidad y filosofía de aprendizaje, no importando si las circunstancias apremian. Revisando un poco más encontré un par de resultados de laboratorio, so sugeridos por mí:

- ¿Qué significa esto?
- Ah, es el lactato
- ¿Y para qué lo pediste?
- Es que el primero salió alto y el segundo lo tomé después para ver si bajaba.
- Pero va a seguir alto pues no has drenado el absceso. Además ¿le has tomado la presión y la temperatura?
- No
- Entonces que esperas para ahcerlo

De nada me sirvió machacar que la Clínica tiene principios fundamentales, uno de ellos es la superioridad de los hallazgos físicos sobre las pruebas de laboratorio, ya que éstos últimos pueden fallar, pero como diría House, mientras todos mienten, los signos clínicos quedan como la única verdad.

De allí en adelante fui descubriendo más perlas sobre el mismo paciente, como el hallazgo de trombos en las venas suprahepáticas, que él no podía explicarse, a lo que recurrí a una perorata sobre fisiopatología y las reacciones que tiene el endotelio ante una inflamación severa, lo que explicaba este hallazgo y desautorizaba dialécticamente el nuevo set de pruebas que había pedido sin autorización para explicar lo inexplicable.

Hasta que decidí aplicar la táctica del Convidado de Piedra. Es decir, ignorarlo y continuar la visita con la Residente (médico graduado en entrenamiento de post grado). De nada serviría que en los siguientes minutos intentará justificar sus omisiones aludiendo que no recordaba haber escuchado mis instrucciones, a lo que repliqué a modo de coda que si necesitaba se las podría dejar escritas y que si persistía en pedir pruebas para ver como oscilaban las constantes biológicas podría dedicarse a las matemáticas con más éxito. Minutos más tarde, lo vi presuroso por el servicio de Radiología y completando el resto de tareas pendientes.

Siempre es interesante y gratificante trabajar con estudiantes, sobre todo por que uno se puede contagiar de su entusiasmo por aprender y empujan a estar siempre bien informado, además te abrevian de muchas tareas y permiten que uno pueda profundizar, y en mi caso filosofar sobre las diversas enfermedades, para darles un enfoque que permita sobrellevar el hecho de trabajar con personas seriamente enfermas y retornar los conocimientos a los estudiantes con el fin de cerrar el círculo de enseñanza – aprendizaje.

Infinitos son los ejemplos de la relación entre profesores y discípulos, con resultados tan dispares como la vida misma. Y como de toda experiencia se peude sacar una enseñanza, a pesar de que ésta me haya malogrado la mañana, paso a revisar las Máximas de Loeb en Medicina Interna (Matz R: Principles of Medicine. NY State J Med 77:99-101, 1977) y que constituyen uno de los cimientos de mi práctica diaria:


1. Si lo que estás haciendo funciona, entonces continúa haciéndolo.
2. Si lo que haces no funciona, entonces deja de hacerlo.
3. Si no sabes que hacer, entonces no hagas nada.
4. Pero sobre todo, nunca le dejes tu paciente a un cirujano

miércoles, 11 de mayo de 2011

Personal e Intransferible








Cuantas historias interiores que contar dentro del Estadio Monumental,cuantas razones distintas para estar allí.





No recuerdo bien cuando escuché por primera vez a los Beatles, acaso por rebote de los mayores. En una época donde la televisión no era omnipresente aún, la radio llenaba los espacios que los juegos y el colegio dejaban libres. Por azar del dial caí en Beatlemania, un programa de sábados por la noche que marcó mi relación con la radio, al punto de terminar años después trabajando como DJ en una de ellas. Una historia que contaré mas adelante.


Esperar los sábados a escuchar el programa, a ir a los estudios de la radio y comprar mi primer disco de vinilo (long play) eran consecuencias esperadas pero que tomaron cierto tiempo entre una y otra etapa.




La más complicada fue la última, ya que viviendo de propinas, comprar un disco fue el evento crítico. Cómo no me alcanzaba la plata compré una recopilación con 2 long plays, la tapa era roja, se abría como un libro y dentro de las fundas había un encarte con las letras de las canciones. The Beatles 1962-1966 utilizaba una fota del álbum Please Please Me, creo que tomada desde los estudios de grabación.


Desde entonces, gané varias cosas: mejoré mi oído musical, exploré la discografía y la historia de los Beatles, aprendí a presentar canciones como en la radio y me interesé en el inglés, un idioma que me iba de patadas en el colegio. A partir de ese momento, un diezmo de mis propinas iba al fondo pro compra del siguiente álbum, el Azul: The Beatles 1967-1970.


En tal álbum el diseño era el mismo y el estilo de la foto también, pero con los Fab Four de barba y pelo largo. Una vez más un disco marcaba una transición, la música y el look eran distintos y al parecer mas elaborados (ahora diría que crearon una vanguardia) y me inspiraron, entre otros factores, a usar el pelo largo, aunque esto pueda parecer inversimil a los que me conocen.


Y hace 2 noches, estaba allí esperando el concierto y viendo una a una las figuras que desfilaban sin cesar, por las gigantescas pantallas 30 minutos antes del concierto, el collage de fotos y videos que contaban la historia de The Beatles y de Wings, la banda que crearon Paul y Linda McCartney. Solo para rebobinar los miles de momentos ligados a mi propia historia musical, la recolección de los discos 45 rpm o long plays de McCartney, y de aquellos que no pude comprar pero me deleitaba de ver, tocar y oír en la cabina de radio, como el Wings over America.


Hasta que por fin se apagaron las luces, y de entre el griterio general: Paul que comienza el concierto cantando Hello Goodbye y me transporta al viejo radio a tubos, al equilibrio manual en colocar la aguja sobre el surco preciso del disco, a la psicodelia y a las ganas que aún tengo de ver Magical Mystery Tour.



Si Hello Goodbye me sonó a himno, luego las siguientes canciones me dejaron paralizado pues no imaginaba hasta entonces tener al frente a una persona con tanta historia detrás, la de ellos, la del mundo, la mía, hasta que en The Long and Winding Road me quebró las fibras más sensibles y creo que nadie se dió cuenta de las lágrimas que salían en silencio.






The long and winding road that leads to your door,


Will never disappear, I've seen that road before


It always leads me here, leads me to your door.

Una y otra vez las canciones, imagino, nos llevaron de un modo u otro a todos a territorios escondidos en nuestra memoria, que en mi caso me refrescaron a las cajas de parlantes hechas por papá y a la cena de mamá cuando estudiaba hasta muy tarde escuchando música. Tonadas que unen distancias temporales, como cuando al ver a Sting en el Festival de Viña mis padres recordaron cuando lo escuchaba por la radio.




Han pasado dos días y el concierto aún rebota en mi memoria, asaltando aquellas rendijas de pensamiento que me quedan luego de resolver las tareas cotidianas. Allí escuché y vi del mismo Paul ese clásico One, two, three, four... que abré muchas de las canciones de The Beatles, en especial Sgt. Pepper Lonely Hearts Club Band, aquella canción que abría el programa que era más importante de no perder que la misa de cada semana: Beatlemania


Gracias Paul...y John, George y Ringo, por dejar (Let´em in) entrar mis recuerdos una vez mas.



Esta historia continuará...

miércoles, 6 de abril de 2011

Lecturas Recomendadas




No me había dado cuenta que Marzo pasó como un fogonazo. Lleno de clases y rondas clínicas envueltas en un calor sofocante, los días se sucedían uno tras otro solo esperando llegar a un espacio de descanso. Las lecturas y las películas en el cine continuaron durante todo ese tiempo, sin embargo faltó el tiempo para comentarlas.


A escasos días para las elecciones he terminado de leer El Gatopardo, novela que comentaré más adelante, que narra el final de una dinastía. me ha servido para complementar un ciclo de novelas que no siendo políticas en sí mismas me han servido par entender mejor los procesos electorales y el comportamiento de los gobernantes y lo grupos de poder, las que se suman al Gatopardo: El jardín de los Finzi Contini de Giorgio Bassani, Rebelión en la Granja de George Orwell y, hace algunas horas, El Príncipe de Nicolo Macchiavello, por coincidencia tres de ellos italianos.


Tal sucesión de novelas me ha llevado a lecturas secundarias como: La Divina Comedia de Dante, El pez en el agua de MVLL, así como textos en Historia Universal sobre la Unificación Italiana, las expansiones imperiales de Roma y los Otomanos, las dinastías borbónicas, el Imperio español y el napoleónico, el Tratado de Viena, la Revolución francesa y por una inexplicable carambola he llegado a la historia del Virreynato Peruano en la era de los borbones y la biografía de Hipólito Unanue. es que así son las mareas literarias, te llevan por corrientes impredecibles.


Precisamente para entender la novela el Gatopardo, de quien se ha hecho una notable película a cargo de Luchino Visconti, se tiene que explorar en el proceso de la Unificación Italiana, en la cual un reino trata de expandirse y los señores feudales tratan de mantener sus privilegios, en un juego de tensiones se aprovecha además el impetu de un guerrero y mercenario como Giuseppe Garibaldi, que precipita las acciones para provocar una crisis que desembocará en la anexión del Reino de las dos Sicilias.


Es en este punto en el que comienza El Gatopardo, cuando los camisas rojas llegan a una tierra, la Italia meridional, que ha sido antes la Grecia Magna, invadida luego por sarracenos y españoles borbónicos, que s eha convertido en un territorio feudal, una de esas familias es la de los Salina, la que está a punto de convertirse en anacrónica...


domingo, 27 de febrero de 2011

And the Oscar Goes To...


A escasos minutos de la alfombra roja en Los Angeles anoto mis apuestas.


He visto 7 de las 10 películas nominadas, de 8 películas que se han estrenado en Perú (decidí no ver El Origen en su oportunidad) ya que los distribuidores -como algunos en la industria literaria- nos privan de buena parte de lo producido en el mundo. Mañana haré una reseña de las películas que he visto, muchas de ellas a un ritmo de dos por semana, ya que nuestros genios de la industria local deciden aglutinar buenos estrenos en un lapso de 3 semanas con el riesgo de perderse unas por faltya de tiempo o por salida prematura de las salas.


Aun soy un creyente de ir al cine y disfrutar de la pantalla gigante.


Me atrevo entonces con las limitaciones del caso a lanzar mis propuestas:


Mejor Película: True Grit (Temple de Acero), runner up: Winter´s Bone

Mejor Director: Joel Coen and Ethan Coen

Mejor Actor: Colin Firth, (King´s Speech) runner up Jeff Bridges (sin ver Biutiful)

Mejor actor secundario: Geofrey Rush (King´s Speech)

Mejor Actriz: Natalie Portman (Cisne Negro) , runner up Jennifer Lawrence (Winter´s Bone)

Mejor actriz secundaria: Hailee Stanfield (True Grit)

Mejor película animada: Toy Story 3, de lejos y mi tercer puesto en mejor película


Mejor Dirección artística: True Grit


Mejor Edición: El Cisne Negro


Mejor Guión adaptado: True Grit, runner up Winter´s Bone
Mejores Efectos Visuales: díficil pero apuesto a Alice in Wonderland, aunque me gustó mucho la escena del tsunami en Hereafter
Mejor Cinematografía: El Cisne Negro
En el resto de categorías prefiero no opinar por no haber visto todas las películas, la mayoría de ellas no proyectadas oficialmente.
A disfrutar del cine.

viernes, 25 de febrero de 2011

London Calling


He terminado de leer Alta Fidelidad de Nick Hornby, en una edición no autorizada pero fidedigna. La novela trata de la historia de Rob, un apasionado fan musical que conserva con fervor su adolescencia a pesar de los años. Rob construye y destruye sus relaciones amorosas y amicales a partir de la experiencia vivida en las canciones, series de tv y películas que él considera imprescindibles.

Rob cuenta con la complicidad de un par de freaks de la música, Dick y Barry, que trabajan como empleados en su destartalada tienda de discos en los suburbios de Londres, la Championship Vinyl, un local "lleno de ediciones para coleccionistas, o para el coleccionista discográfico serio, como dice un rótulo irónico anticuado del escaparate". Allí encontraremos ediciones limitadas, demos, bonus tracks, lados B, versiones especiales, descontinuadas o descatalogadas, ediciones importadas, todas ellas verdaderas joyas para coleccionistas. Rob y sus amigos viven la interfase entre la lenta desaparición de los cassettes y la irrupción de los CDs, antes de la era del MP3 , por lo tanto el tiempo de la novela es aún el paraíso de los coleccionistas de la música-objeto.

Son dos temas que saltan y se entrelazan a lo largo de toda la novela: la persistencia de Rob en conseguir el amor de una mujer, de conseguirlo pero no de retenerlo –explicándose una y otra vez los motivos de sus fracasos sentimentales- y su hambre por la música, que va desde el soul, el rhythm & blues, el rock y el punk. Rob es un disquero que se jacta de conocer a una persona que es amiga de Johnny Rotten, el de Sex Pistols y que se ha movido dentro de ese Londres musical que albergó el nacimiento de The Beatles, Led Zepellin, The Who y The Clash, entre otros.

Es este fanatismo el que impregna los textos de Alta Fidelidad, la vida de Rob es como Championship Vinyl, “que huele a humo rancio, a humedad, al plástico de las cubiertas protectoras”, un espacio donde Rob no se anima “a hacer una limpieza a fondo ni a cambiar de la decoración de arriba abajo”, so riesgo de perder su propia identidad, y en este caso particular su adolescencia eterna. Sin asumir las responsabilidades propias de su maduración física, Rob se la pasa encasillando cassetes y CDs, situaciones y gustos musicales, su percepción de las personas y sus relaciones amorosas. Su pasión por las listas lo lleva a recordar sus “5 rupturas amorosas más memorables, las que me llevaría a una isla desierta”, así como describir a una persona el gusto de aquella por sus 5 películas favoritas.

Al no ser considerado como una persona madura capaz de asumir responsabilidades mayores en la vida, Rob es desbancado del Top of The List en las decisiones a largo plazo de sus parejas eventuales, entre ellas, y aunque no lo quiera admitir, de la lista de Laura su último amor, quien decide abandonarlo por uno de sus vecinos: Ray, cuyo único mérito aparente, al menos para Rob, es el de ser un atleta coital.

El abandono de Laura, viene a ser el primer gran corte en la cinta de Grandes Éxitos (o Fracasos, según se le mire) que Rob se ha grabado a sí mismo como derrotero en la vida. A partir de allí Rob repasa sus antiguos tracks, es decir sus cinco mejores fracasos, y ya a los 36 años comienza a hacerse muchas preguntas sobre lo que realmente es la vida.



¿Qué fue primero: la música o la tristeza? ¿Me dio por escuchar música porque estaba triste? ¿O es que estaba triste porque escuchaba triste? ¿No te convierten todos estos discos en una persona de tendencia melancólica?


Como en When Love Breaks Down de Prefab Sprout, Laura huye de Rob luego del rompimiento, solo para evitar enfrentar ciertas verdades. Mientras tanto Rob se sumerge en una lluvia de preguntas típicas como ¿por qué? ¿Qué pasó? ¿está con otro?


My love and I we work well together
But often we´re apart
Absence makes the heart lose weight, yeah
Til love breaks down, love breaks down

Oh my, oh my, have you seen the weather
The sweet September rain
Rain onme like no other
Until I drown, Until I drown

When love breaks down
The things you do
To stop the truth from hurting you

Mientras Rob se retuerce en dudas acerca de lo que hará Laura en la etapa post rompimiento, al revisitar sus cinco rupturas amorosas más memorables se da cuenta que las personas evolucionan con el tiempo, de que nada permanece igual a diferencia de sus canciones que siempre sonarán de la misma manera. Luego Rob se embarca en una ligera aventura con Marie LaSalle, una rockera americana, solo para descubrir que las ilusiones del mundo de la música son sólo eso, que ni la envoltura ni los beneficios que puede dar una persona justifican enamorarse de ella. Es a partir de entonces que Rob hace evidente, sin darse cuenta aún, que Laura realmente ha pasado a ocupar el primer lugar en el ranking de la peor ruptura amorosa de su vida.

Y como una cinta de cassette es tensada con un lápiz para que puede correr bien por los carretes, Rob es sometido a un ajuste en la vida: la muerte del padre de Laura. A partir de allí se cuestiona sobre el rol de la muerte en la vida de los que se quedan y se pregunta si su reticencia a mantener una pareja no se debía a su miedo a envejecer y sobre todo a ver envejecer a la mujer que ama y en último caso a perderla a causa de la muerte, por eso dice “La separación que la muerte entraña por fuerza ha de ser más dolorosa que la separación producida por una emigración, que duda cabe”

Quedarse estancado en una época musical es en cierta medida quedarse anclado a una porción del pasado y eso es lo que hizo Rob, anclarse a su adolescencia para no sufrir. Por su parte Laura decide regresar con Rob durante el funeral de su padre, al decirle: “Lo que necesito a toda costa es estar con alguien que conozca, alguien con quien me lleve bien. Tu has dejado bien claro que quieres que volvamos a estar juntos, así que…”, porque el affaire con Ryan no era seria y no podría sobrellevar lo que se viene, aquella relación solo fue un escape y un detonante para romper la desgastada relación que tenía con Rob.

Casi al final de la novela ocurren dos cosas importantes, a través de una reunión social Laura pone a prueba el determinismo que Rob le ha impuesto a las personas, que es el de clasificarlas de acuerdo a su gusto musical, al encontrar una pareja encantadora e inteligente que gusta de Tina Turner, Billy Joel y acaso Silly Love Songs de Paul y Linda McCartney. El otro tema importante es la aparición de Caroline, quien mueve los cimientos emocionales de Rob, y que incluso le hace olvidar su lista de las cinco canciones que llevaría a una isla desierta, solo para concluir que el arranque de una pasión no puede estar por encima de un amor construido a pulso.

Alta Fidelidad es una novela con soundtrack, divertida e irónica, con una profunda reflexión sobre el amor, la conversión a la adultez y el temor de crecer, así como un repaso desde el soul y el blues precursor del rock´n´roll hasta la historia del rock británico desde The Beatles al nacimiento del punk. Esta novela nos hace pensar que la vida es como una cinta grabada de canciones, experiencias y emociones que debemos de tocar y también de actualizar cada día

lunes, 14 de febrero de 2011

Fragmentos de Discursos Amorosos


¿De qué forma y consistencia es el amor? ¿Viene en la fingida apariencia de un pendiente de rubí con forma de corazón en una canción de Jackson Browne? ¿Desplegado con simetría y equidistancia como en la Geometría del Amor de John Cheever? ¿Vacuo como la búsqueda desesperada de amor y reconocimiento de Madame Bovary o épico y tenaz como el amor de Anna Karenina? ¿Distante, puro y apasionado como el de Dante a Beatriz o trágico como el de Tristán e Isolde? ¿Bello como un soneto de Shakespeare? ¿Fuerte, adúltero y fatal como en el Velo Pintado de Somerset Maugham? ¿A medio camino de consistencia entre lo que decía Salinger: la diferencia entre la felicidad y alegría es “que la alegría es un líquido, mientras que la felicidad es un sólido”? ¿Cristalizado como en Del Amor de Stendhal? ¿Cómo el relámpago que atonta en la Rayuela de Cortázar? ¿Cortante como un riff de guitarra o melodioso como melodía de violines?

Cada uno de nosotros tendrá su propia definición y significado y de entre las miles de formas de amar, nos quedaremos con la nuestra. Con esa forma y consistencia que ha creado nuestra propia historia de amores: amalgamada con los algodones y cementos de nuestros afectos y fraguada por los golpes de la pasión.

A continuación, algunos momentos estelares en los amores de otros, que también es otra forma de aprender a amar:

Este es el párrafo inicial de El Museo de la Inocencia de Orham Pamuk. Kemal, un rico heredero que ha perdido a Fusum, una pariente lejana de una clase inferior. Reconstruye su amor a partir de recuerdos y objetos:


...Fue el momento más feliz de mi vida y no lo sabía. De haberlo sabido, ¿habría podido proteger dicha felicidad? ¿Habría sucedido todo de otra manera? Sí, de haber comprendido que aquel era el momento más feliz de mi vida, nunca lo habría dejado escapar. Ese momento dorado en que una profunda paz espiritual envolvió todo mi ser quizá durara solo unos segundos, pero me pareció que la felicidad los convertía en horas, años…



Una de las tías instruye a Tsukiko Omachi, la antigua alumna enamorada de su maestro en El Cielo es Azul, La Tierra Blanca de Hiromi Kawakami:


En eso consiste el amor –repetía la mujer-. Cuando tienes un gran amor, debes cuidarlo como si fuera una planta. Debes abonarlo, protegerlo de la nieve. Es muy importante tratarlo con esmero. Si el amor es pequeño deja que se marchite hasta que muera…



Las desventuras del amor adolescente de unos Nerds fascinados por la astronomía, la ciencia ficción de los viajes interestelares y el borroso límite entre el tiempo y el espacio en Al Fondo del Cielo de Rodrigo Fresán:

...Y me pregunto si existirá algo más sci-fi que la súbita irrupción del virus del amor en el hospital de la juventud, de esa presencia extraterrestre que de golpe y sin aviso te posee y te convierte en un cosmonauta en trance… ese amor que todo lo inicia y que te derriba para hacer que asciendas envuelto en los giros de un rayo curvo e invisible que pone a temblar a las agujas de todos los detectores de energías extrañas…



Las divagaciones filosóficas de la naturaleza mutante y caprichosa del amor y su efecto sobre los humildes mortales en la Balada del Café Triste de Curson McCullers


…Las personas mas extravagantes pueden ser el estímulo para el amor. Un hombre puede ser un viejo chocho y seguir amando a una desconocida que vio en las calles de Cheehaw una tarde, dos décadas atrás. El predicador puede amar a una mujer perdida. La persona amada puede ser traicionera, tener el pelo grasiento y malas costumbres. Si, y el amante puede ver esto con tanta claridad como el resto, pero no afecta un ápice la evolución de su amor. Una persona absolutamente mediocre puede ser el objeto de un amor salvaje, extravagante y hermoso como los lirios venenosos de la ciénaga. Un buen hombre puede ser el estímulo de un amor violento y denigrante, o un loco denigrante puede provocar en el alma de alguien un idilio tierno y simple…



El febril amor y no correspondido afecto en Las Desventuras del Joven Werther, que termina con el suicidio del protagonista en una novela de Goethe:


…¡Ah! ¡Que sensación corre por todas mis venas, cuando mis dedos inadvertidamente rozan los suyos o nuestros pies se tropiezan debajo de la mesa! Me retiro como del fuego y una fuerza misteriosa me impulsa de nuevo hacia delante, el vértigo se apodera de todos mis sentidos…


Y ya que hablamos de jóvenes, el amor honesto, primigenio y turbulento que anuló para siempre amores futuros en una relación desigual: una mujer adulta con un adolescente en El Lector de Bernhard Schlink


…En la noche siguiente me enamoré de ella. Me pasé la noche en duermevela, añorándola, soñando con ella, creyendo sentirla a mi lado, hasta que me daba cuenta de que estaba agarrando la almohada o la manta...


O el pervertido amor por una nínfula en Lolita de Vladimir Nabokov, que puede extrapolarse a otras edades para amores carnales y pecaminosos.


Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo hasta apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta...


Una Beatriz Viterbo, querida, muerta una candente mañana de febrero y perdida (físicamente) para siempre, vista con un amor inconmensurable, contemplativo y conmemorativo en El Aleph de Jorge Luis Borges. Parece que lo de Beatriz no es casual.


…Beatriz era alta, frágil, muy ligeramente inclinada; había en su andar (si el oximoron es tolerable) una como graciosa torpeza, un principio de éxtasis…


El amor visto como instinto animal y utilitario cuando Sócrates conversa con uno de sus discípulos en Fedro de Platón.


...Considera esto, joven justo, y conoce que en la amistad del amante no existe una bondad verdadera, él tiene un apetito y quiere saciarse de ti. Así como los lobos aman a las ovejas, los amantes aman a sus amores…

El amor visto como desgarro o liberación en una reflexión femenina encontrada dentro de los textos de Kitchen de Banana Yoshimoto.


…Son dolorosas tanto la despedida como la muerte. Pero un amor del que no se piense que será el último no llega a ser ni un simple pasatiempo para una mujer...
Y como esto tiene que acabar, dejo para el final un dialogo de dos amigos, una vez inseparables, distanciados ahora en el tiempo y la geografía por amar a la misma mujer. Ella se quedó cerca de uno de ellos pero murió varios años atrás. Uno de los amigos regresa para recibir un ajuste de cuentas moral y dejar dudas irresueltas sobre la fidelidad y la cobardía en El Último Encuentro de Sandor Marai


...¿Crees tú también que el sentido de la vida no es otro que la pasión, que un día colma nuestro corazón, nuestra alma y nuestro cuerpo, y que después arde para siempre, hasta la muerte, pase lo que pase? ¿Y que si he­mos vivido esa pasión, quizás no hayamos vivido en vano? ¿Que así de profunda, así de malvada, así de grandiosa, así de inhumana es una pasión?…

Finalmente no importa de que color, forma o consistencia sea el amor que uno ha vivido lo importante a la larga es haber amado y dejado huella.

En la foto: Stendhal menciona que una de las claves del enamoramiento es la Cristalización, es decir que recubrimos al ser amado de brillos que lo idealizan.