domingo, 27 de febrero de 2011

And the Oscar Goes To...


A escasos minutos de la alfombra roja en Los Angeles anoto mis apuestas.


He visto 7 de las 10 películas nominadas, de 8 películas que se han estrenado en Perú (decidí no ver El Origen en su oportunidad) ya que los distribuidores -como algunos en la industria literaria- nos privan de buena parte de lo producido en el mundo. Mañana haré una reseña de las películas que he visto, muchas de ellas a un ritmo de dos por semana, ya que nuestros genios de la industria local deciden aglutinar buenos estrenos en un lapso de 3 semanas con el riesgo de perderse unas por faltya de tiempo o por salida prematura de las salas.


Aun soy un creyente de ir al cine y disfrutar de la pantalla gigante.


Me atrevo entonces con las limitaciones del caso a lanzar mis propuestas:


Mejor Película: True Grit (Temple de Acero), runner up: Winter´s Bone

Mejor Director: Joel Coen and Ethan Coen

Mejor Actor: Colin Firth, (King´s Speech) runner up Jeff Bridges (sin ver Biutiful)

Mejor actor secundario: Geofrey Rush (King´s Speech)

Mejor Actriz: Natalie Portman (Cisne Negro) , runner up Jennifer Lawrence (Winter´s Bone)

Mejor actriz secundaria: Hailee Stanfield (True Grit)

Mejor película animada: Toy Story 3, de lejos y mi tercer puesto en mejor película


Mejor Dirección artística: True Grit


Mejor Edición: El Cisne Negro


Mejor Guión adaptado: True Grit, runner up Winter´s Bone
Mejores Efectos Visuales: díficil pero apuesto a Alice in Wonderland, aunque me gustó mucho la escena del tsunami en Hereafter
Mejor Cinematografía: El Cisne Negro
En el resto de categorías prefiero no opinar por no haber visto todas las películas, la mayoría de ellas no proyectadas oficialmente.
A disfrutar del cine.

viernes, 25 de febrero de 2011

London Calling


He terminado de leer Alta Fidelidad de Nick Hornby, en una edición no autorizada pero fidedigna. La novela trata de la historia de Rob, un apasionado fan musical que conserva con fervor su adolescencia a pesar de los años. Rob construye y destruye sus relaciones amorosas y amicales a partir de la experiencia vivida en las canciones, series de tv y películas que él considera imprescindibles.

Rob cuenta con la complicidad de un par de freaks de la música, Dick y Barry, que trabajan como empleados en su destartalada tienda de discos en los suburbios de Londres, la Championship Vinyl, un local "lleno de ediciones para coleccionistas, o para el coleccionista discográfico serio, como dice un rótulo irónico anticuado del escaparate". Allí encontraremos ediciones limitadas, demos, bonus tracks, lados B, versiones especiales, descontinuadas o descatalogadas, ediciones importadas, todas ellas verdaderas joyas para coleccionistas. Rob y sus amigos viven la interfase entre la lenta desaparición de los cassettes y la irrupción de los CDs, antes de la era del MP3 , por lo tanto el tiempo de la novela es aún el paraíso de los coleccionistas de la música-objeto.

Son dos temas que saltan y se entrelazan a lo largo de toda la novela: la persistencia de Rob en conseguir el amor de una mujer, de conseguirlo pero no de retenerlo –explicándose una y otra vez los motivos de sus fracasos sentimentales- y su hambre por la música, que va desde el soul, el rhythm & blues, el rock y el punk. Rob es un disquero que se jacta de conocer a una persona que es amiga de Johnny Rotten, el de Sex Pistols y que se ha movido dentro de ese Londres musical que albergó el nacimiento de The Beatles, Led Zepellin, The Who y The Clash, entre otros.

Es este fanatismo el que impregna los textos de Alta Fidelidad, la vida de Rob es como Championship Vinyl, “que huele a humo rancio, a humedad, al plástico de las cubiertas protectoras”, un espacio donde Rob no se anima “a hacer una limpieza a fondo ni a cambiar de la decoración de arriba abajo”, so riesgo de perder su propia identidad, y en este caso particular su adolescencia eterna. Sin asumir las responsabilidades propias de su maduración física, Rob se la pasa encasillando cassetes y CDs, situaciones y gustos musicales, su percepción de las personas y sus relaciones amorosas. Su pasión por las listas lo lleva a recordar sus “5 rupturas amorosas más memorables, las que me llevaría a una isla desierta”, así como describir a una persona el gusto de aquella por sus 5 películas favoritas.

Al no ser considerado como una persona madura capaz de asumir responsabilidades mayores en la vida, Rob es desbancado del Top of The List en las decisiones a largo plazo de sus parejas eventuales, entre ellas, y aunque no lo quiera admitir, de la lista de Laura su último amor, quien decide abandonarlo por uno de sus vecinos: Ray, cuyo único mérito aparente, al menos para Rob, es el de ser un atleta coital.

El abandono de Laura, viene a ser el primer gran corte en la cinta de Grandes Éxitos (o Fracasos, según se le mire) que Rob se ha grabado a sí mismo como derrotero en la vida. A partir de allí Rob repasa sus antiguos tracks, es decir sus cinco mejores fracasos, y ya a los 36 años comienza a hacerse muchas preguntas sobre lo que realmente es la vida.



¿Qué fue primero: la música o la tristeza? ¿Me dio por escuchar música porque estaba triste? ¿O es que estaba triste porque escuchaba triste? ¿No te convierten todos estos discos en una persona de tendencia melancólica?


Como en When Love Breaks Down de Prefab Sprout, Laura huye de Rob luego del rompimiento, solo para evitar enfrentar ciertas verdades. Mientras tanto Rob se sumerge en una lluvia de preguntas típicas como ¿por qué? ¿Qué pasó? ¿está con otro?


My love and I we work well together
But often we´re apart
Absence makes the heart lose weight, yeah
Til love breaks down, love breaks down

Oh my, oh my, have you seen the weather
The sweet September rain
Rain onme like no other
Until I drown, Until I drown

When love breaks down
The things you do
To stop the truth from hurting you

Mientras Rob se retuerce en dudas acerca de lo que hará Laura en la etapa post rompimiento, al revisitar sus cinco rupturas amorosas más memorables se da cuenta que las personas evolucionan con el tiempo, de que nada permanece igual a diferencia de sus canciones que siempre sonarán de la misma manera. Luego Rob se embarca en una ligera aventura con Marie LaSalle, una rockera americana, solo para descubrir que las ilusiones del mundo de la música son sólo eso, que ni la envoltura ni los beneficios que puede dar una persona justifican enamorarse de ella. Es a partir de entonces que Rob hace evidente, sin darse cuenta aún, que Laura realmente ha pasado a ocupar el primer lugar en el ranking de la peor ruptura amorosa de su vida.

Y como una cinta de cassette es tensada con un lápiz para que puede correr bien por los carretes, Rob es sometido a un ajuste en la vida: la muerte del padre de Laura. A partir de allí se cuestiona sobre el rol de la muerte en la vida de los que se quedan y se pregunta si su reticencia a mantener una pareja no se debía a su miedo a envejecer y sobre todo a ver envejecer a la mujer que ama y en último caso a perderla a causa de la muerte, por eso dice “La separación que la muerte entraña por fuerza ha de ser más dolorosa que la separación producida por una emigración, que duda cabe”

Quedarse estancado en una época musical es en cierta medida quedarse anclado a una porción del pasado y eso es lo que hizo Rob, anclarse a su adolescencia para no sufrir. Por su parte Laura decide regresar con Rob durante el funeral de su padre, al decirle: “Lo que necesito a toda costa es estar con alguien que conozca, alguien con quien me lleve bien. Tu has dejado bien claro que quieres que volvamos a estar juntos, así que…”, porque el affaire con Ryan no era seria y no podría sobrellevar lo que se viene, aquella relación solo fue un escape y un detonante para romper la desgastada relación que tenía con Rob.

Casi al final de la novela ocurren dos cosas importantes, a través de una reunión social Laura pone a prueba el determinismo que Rob le ha impuesto a las personas, que es el de clasificarlas de acuerdo a su gusto musical, al encontrar una pareja encantadora e inteligente que gusta de Tina Turner, Billy Joel y acaso Silly Love Songs de Paul y Linda McCartney. El otro tema importante es la aparición de Caroline, quien mueve los cimientos emocionales de Rob, y que incluso le hace olvidar su lista de las cinco canciones que llevaría a una isla desierta, solo para concluir que el arranque de una pasión no puede estar por encima de un amor construido a pulso.

Alta Fidelidad es una novela con soundtrack, divertida e irónica, con una profunda reflexión sobre el amor, la conversión a la adultez y el temor de crecer, así como un repaso desde el soul y el blues precursor del rock´n´roll hasta la historia del rock británico desde The Beatles al nacimiento del punk. Esta novela nos hace pensar que la vida es como una cinta grabada de canciones, experiencias y emociones que debemos de tocar y también de actualizar cada día

lunes, 14 de febrero de 2011

Fragmentos de Discursos Amorosos


¿De qué forma y consistencia es el amor? ¿Viene en la fingida apariencia de un pendiente de rubí con forma de corazón en una canción de Jackson Browne? ¿Desplegado con simetría y equidistancia como en la Geometría del Amor de John Cheever? ¿Vacuo como la búsqueda desesperada de amor y reconocimiento de Madame Bovary o épico y tenaz como el amor de Anna Karenina? ¿Distante, puro y apasionado como el de Dante a Beatriz o trágico como el de Tristán e Isolde? ¿Bello como un soneto de Shakespeare? ¿Fuerte, adúltero y fatal como en el Velo Pintado de Somerset Maugham? ¿A medio camino de consistencia entre lo que decía Salinger: la diferencia entre la felicidad y alegría es “que la alegría es un líquido, mientras que la felicidad es un sólido”? ¿Cristalizado como en Del Amor de Stendhal? ¿Cómo el relámpago que atonta en la Rayuela de Cortázar? ¿Cortante como un riff de guitarra o melodioso como melodía de violines?

Cada uno de nosotros tendrá su propia definición y significado y de entre las miles de formas de amar, nos quedaremos con la nuestra. Con esa forma y consistencia que ha creado nuestra propia historia de amores: amalgamada con los algodones y cementos de nuestros afectos y fraguada por los golpes de la pasión.

A continuación, algunos momentos estelares en los amores de otros, que también es otra forma de aprender a amar:

Este es el párrafo inicial de El Museo de la Inocencia de Orham Pamuk. Kemal, un rico heredero que ha perdido a Fusum, una pariente lejana de una clase inferior. Reconstruye su amor a partir de recuerdos y objetos:


...Fue el momento más feliz de mi vida y no lo sabía. De haberlo sabido, ¿habría podido proteger dicha felicidad? ¿Habría sucedido todo de otra manera? Sí, de haber comprendido que aquel era el momento más feliz de mi vida, nunca lo habría dejado escapar. Ese momento dorado en que una profunda paz espiritual envolvió todo mi ser quizá durara solo unos segundos, pero me pareció que la felicidad los convertía en horas, años…



Una de las tías instruye a Tsukiko Omachi, la antigua alumna enamorada de su maestro en El Cielo es Azul, La Tierra Blanca de Hiromi Kawakami:


En eso consiste el amor –repetía la mujer-. Cuando tienes un gran amor, debes cuidarlo como si fuera una planta. Debes abonarlo, protegerlo de la nieve. Es muy importante tratarlo con esmero. Si el amor es pequeño deja que se marchite hasta que muera…



Las desventuras del amor adolescente de unos Nerds fascinados por la astronomía, la ciencia ficción de los viajes interestelares y el borroso límite entre el tiempo y el espacio en Al Fondo del Cielo de Rodrigo Fresán:

...Y me pregunto si existirá algo más sci-fi que la súbita irrupción del virus del amor en el hospital de la juventud, de esa presencia extraterrestre que de golpe y sin aviso te posee y te convierte en un cosmonauta en trance… ese amor que todo lo inicia y que te derriba para hacer que asciendas envuelto en los giros de un rayo curvo e invisible que pone a temblar a las agujas de todos los detectores de energías extrañas…



Las divagaciones filosóficas de la naturaleza mutante y caprichosa del amor y su efecto sobre los humildes mortales en la Balada del Café Triste de Curson McCullers


…Las personas mas extravagantes pueden ser el estímulo para el amor. Un hombre puede ser un viejo chocho y seguir amando a una desconocida que vio en las calles de Cheehaw una tarde, dos décadas atrás. El predicador puede amar a una mujer perdida. La persona amada puede ser traicionera, tener el pelo grasiento y malas costumbres. Si, y el amante puede ver esto con tanta claridad como el resto, pero no afecta un ápice la evolución de su amor. Una persona absolutamente mediocre puede ser el objeto de un amor salvaje, extravagante y hermoso como los lirios venenosos de la ciénaga. Un buen hombre puede ser el estímulo de un amor violento y denigrante, o un loco denigrante puede provocar en el alma de alguien un idilio tierno y simple…



El febril amor y no correspondido afecto en Las Desventuras del Joven Werther, que termina con el suicidio del protagonista en una novela de Goethe:


…¡Ah! ¡Que sensación corre por todas mis venas, cuando mis dedos inadvertidamente rozan los suyos o nuestros pies se tropiezan debajo de la mesa! Me retiro como del fuego y una fuerza misteriosa me impulsa de nuevo hacia delante, el vértigo se apodera de todos mis sentidos…


Y ya que hablamos de jóvenes, el amor honesto, primigenio y turbulento que anuló para siempre amores futuros en una relación desigual: una mujer adulta con un adolescente en El Lector de Bernhard Schlink


…En la noche siguiente me enamoré de ella. Me pasé la noche en duermevela, añorándola, soñando con ella, creyendo sentirla a mi lado, hasta que me daba cuenta de que estaba agarrando la almohada o la manta...


O el pervertido amor por una nínfula en Lolita de Vladimir Nabokov, que puede extrapolarse a otras edades para amores carnales y pecaminosos.


Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo hasta apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta...


Una Beatriz Viterbo, querida, muerta una candente mañana de febrero y perdida (físicamente) para siempre, vista con un amor inconmensurable, contemplativo y conmemorativo en El Aleph de Jorge Luis Borges. Parece que lo de Beatriz no es casual.


…Beatriz era alta, frágil, muy ligeramente inclinada; había en su andar (si el oximoron es tolerable) una como graciosa torpeza, un principio de éxtasis…


El amor visto como instinto animal y utilitario cuando Sócrates conversa con uno de sus discípulos en Fedro de Platón.


...Considera esto, joven justo, y conoce que en la amistad del amante no existe una bondad verdadera, él tiene un apetito y quiere saciarse de ti. Así como los lobos aman a las ovejas, los amantes aman a sus amores…

El amor visto como desgarro o liberación en una reflexión femenina encontrada dentro de los textos de Kitchen de Banana Yoshimoto.


…Son dolorosas tanto la despedida como la muerte. Pero un amor del que no se piense que será el último no llega a ser ni un simple pasatiempo para una mujer...
Y como esto tiene que acabar, dejo para el final un dialogo de dos amigos, una vez inseparables, distanciados ahora en el tiempo y la geografía por amar a la misma mujer. Ella se quedó cerca de uno de ellos pero murió varios años atrás. Uno de los amigos regresa para recibir un ajuste de cuentas moral y dejar dudas irresueltas sobre la fidelidad y la cobardía en El Último Encuentro de Sandor Marai


...¿Crees tú también que el sentido de la vida no es otro que la pasión, que un día colma nuestro corazón, nuestra alma y nuestro cuerpo, y que después arde para siempre, hasta la muerte, pase lo que pase? ¿Y que si he­mos vivido esa pasión, quizás no hayamos vivido en vano? ¿Que así de profunda, así de malvada, así de grandiosa, así de inhumana es una pasión?…

Finalmente no importa de que color, forma o consistencia sea el amor que uno ha vivido lo importante a la larga es haber amado y dejado huella.

En la foto: Stendhal menciona que una de las claves del enamoramiento es la Cristalización, es decir que recubrimos al ser amado de brillos que lo idealizan.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Libros pendientes


A continuación el párrafo introductorio del libro que aún no tengo y que espero leer este verano, The Gathering de Anne Enright, ganadora del Booker 2007, en una traducción libre:


Me gustaría dejar por escrito lo que ocurrió en casa de mi abuela aquel verano cuando tenía 8 o 9 años, pero no estoy segura de si sucedió realmente. Necesito dar fe de un hecho dudoso y que siento rugir dentro de mí – este hecho que puede no haber ocurrido. Aun no sé que nombre ponerle. Pienso que podría llamarlo un delito carnal, pero aquella carne hace mucho se ha desprendido y no estoy segura cuanto de daño ha quedado en los huesos.

En castellano se llama El Encuentro y es editada por Lumen. A ver si alguna librería se anima a traerlo.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Otras divagaciones


Fuente: veneciou.blogspot.com


¿Qué pasa cuando los maestros desaparecen? Me pregunté la semana pasada al ver un retrato de un profesor ya desaparecido. Un cuadro que pasa desapercibido cuando uno camina absorto en sus propias meditaciones u obligaciones. A juzgar por la experiencia, el recuerdo de los profesores se va desvaneciendo con el paso de los años, salvo que su legado sea tan fuerte que haya dejado o fuentes escritas o una impronta en sus discípulos que la mantendrán viva a través de su práctica diaria.


En la mayoría de casos esto no sucede, y no basta con dejar placas recordatorias, ya que las nuevas generaciones, iconoclastas por naturaleza y recambio, no sabrán de quien se trata. Igual me sucede cuando camino por mi hospital, de arquitectura decimonónica, con el nombre de sus próceres grabado en lo alto de los pórticos de acceso a cada pabellón, no tengo la menor idea ni quien fue ni que hizo para merecer tal homenaje en la gran mayoría de casos.


Pero incluso una leyenda al margen no basta. Si el legado clínico no fraguó la memoria del acto médico de futuras generaciones podría significar que lo vivido profesionalmente fue importante en determinado momento pero no trascendental.


Acaso los médicos necesitemos iconos para aplacar nuestro ego y apagar nuestras humanas miserias aparecidas bajo la forma de rencillas o pequeñas emboscadas, ya que en este panteón virtual ni son todos los que están ni están todos los que fueron, para usar una frase trillada. De injusticias históricas está plagado nuestro muestrario de héroes médicos. Soy testigo viviente de profesores que hicieron de la medicina lo más cercano a un apostolado y ahora su nombre permanece oculto por el olvido o, en el mejor de los casos, recibieron un tributo tardío en su lecho de muerte. Sin embargo, conozco otros ídolos con reconocidas destrezas clínicas pero con extensas máculas en su comportamiento personal, que a mi juicio, los hace merecedores de una censura histórica. De repente, en algunos casos se requiere del tamiz del tiempo para discernir lo fundamental de lo accesorio, y, aún hasta hoy leemos notas o estudios que discuten el real valor del aporte de algunos de nuestros héroes. Y este es el gran defecto de la medicina peruana, el descansar en la tradición oral y en el efímero perfume de las adulaciones. Pocos o casi nulos son las aportes escritos que han visto la luz y contados con los dedos los que perduran y se han difundido con propiedad. Injusta consecuencia, pues al repasar la historia de pestes, epidemias y crisis sanitarias, hay un sólido legado oculto bajo el moho del tiempo y del olvido.


Hace muy poco cuando me preguntaron lo que se necesita para ser buen médico, respondí vocación, disciplina y un adecuado sentido de lo humano. Talento es otra cosa, pero ya que el destino no ha premiado a todos por igual, en esta carrera de largo alcance, que es el de toda una vida, no todos llegaremos de la misma forma a trascender a nivel profesional, algunos lo harán solo hasta las exequias, otros por un puñado de años, los muy pocos avanzarán a través de generaciones.


A eso será lo que se llama apostolado, el caminar sin descanso ejerciendo una vocación, pero también dejar fuentes escritas para que el viento de los años no borre nuestras huellas. Para sentir que no se avanzó en vano.

Caminar con lápiz y libreta, escribir, publicar: tarea pendiente

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Enfermedades Paralelas


Cuando las ganas de vivir se van amortiguando por los golpes del destino y los ciclos de la vida los van dejando solos, el coronel y a su esposa comparten no solo sus afectos, la costumbre de estar juntos sino viven además a contrapunto de sus enfermedades. En este caso, el coronel con una diarrea crónica que se agudiza en otoño y su esposa con un asma persistente.

Ya que dentro de una vida en la que todos los días se viven iguales: levantarse, desayunar, vestirse y las campanadas de la iglesia a la misma hora, solo hay dos cosas que pueden cambiar: el clima y el curso de las enfermedades.



El coronel se sintió mal en el cementerio. Cuando don Sabas lo empujó hacia la pared para dar paso a los hombres que transportaban al muerto, volvió su cara
sonriente hacia él, pero se encontró con un rostro duro.

-Qué le pasa, compadre -preguntó.

El coronel suspiró.

-Es octubre, compadre

Regresaron por la misma calle. Había escampado. El cielo se hizo profundo, de un azul intenso. «Ya no llueve más», pensó el coronel, y se sintió mejor, pero continuó absorto. Don Sabas lo interrumpió.

-Compadre, hágase ver del médico.

-No estoy enfermo -dijo el coronel-. Lo que pasa es que en octubre siento como si tuviera animales en las tripas.



La casa queda en un espacio rural, una sala amoblada y amplia, un dormitorio -demasiado estrecho para la respiración de una asmática.-, un jardín y un silo. Dentro de ella la tensión es constante y los roles bien definidos, la mujer cocina cuando hay con qué, zurce y remienda las mil vueltas de una ropa venida a menos, la que plancha si no esta devastada por el asma. El coronel se encarga de las visitas sociales, de recoger el correo que nunca llega y de explorar la posibilidad de llevar dinero a casa, pero con parsimonia, como pidiendo permiso a cada habitante del lugar.




Llovió después de la medianoche. El coronel concilió el sueño pero despertó un momento después alarmado por sus intestinos. Descubrió una gotera en algún lugar de la casa. Envuelto en una manta de lana hasta la cabeza trató de localizar la gotera en la oscuridad. Un hilo de sudor helado resbaló por su columna vertebral. Tenía fiebre. Se sintió flotando en círculos concéntricos dentro de un estanque de gelatina.

Amaneció estragado. Al segundo toque para misa saltó de la hamaca y se instaló en una realidad turbia alborotada por el canto del gallo. Su cabeza giraba todavía en círculos concéntricos. Sintió náuseas. Salió al patio y se dirigió al excusado a través del minucioso cuchicheo y los sombríos olores del invierno. El interior del cuartito de madera con techo de zinc estaba enrarecido por el vapor amoniacal del bacinete. Cuando el coronel levantó la tapa surgió del pozo un vaho de moscas triangulares.

Era una falsa alarma. Acuclillado en la plataforma de tablas sin cepillar experimentó la desazón del anhelo frustrado. El apremio fue sustituido por un dolor sordo en el tubo digestivo. «No hay duda», murmuró. «Siempre me sucede lo mismo en octubre.» Y asumió su actitud de confiada e inocente expectativa hasta cuando se apaciguaron los hongos de sus vísceras. Entonces volvió al cuarto por el gallo.

-Anoche estabas delirando de fiebre- dijo la mujer.

Había comenzado a poner orden en el cuarto, repuesta de una semana de crisis. El coronel hizo un esfuerzo para recordar.

-No era fiebre -mintió-. Era otra vez el sueño de las telarañas.



Entre esa monotonía infame en que se convierte una vida aferrada al pasado y desplazados de la vida social del pueblo, la novela es también la historia de un matrimonio donde los reproches se hacen inocuos por desvencijados de tanto uso, donde los afectos se han trastocado en un interés mutuo por la supervivencia, donde el recuerdo del hijo perdido es su único anclaje con el calendario. Un matrimonio como testigo del deterioro de los tejidos vitales que tropieza con el desarrollo de las actividades diarias y cada incapacidad es un adorno más dentro de la casa.



Se sentía bien. Diciembre había marchitado la flora de sus vísceras. Sufrió una contrariedad esa mañana tratando de ponerse los zapatos nuevos. Pero después de intentarlo varias veces comprendió que era un esfuerzo inútil y se puso los, botines de charol. Su esposa advirtió el cambio.



Al final de la novela los personajes centrales saben que antes que la esperada pensión o el dinero que amengüe el hambre de sus tripas, lo que puede llegar antes de cada amanecer o anochecer es la muerte.


-Es lo mismo -replicó la mujer-. Debías darte cuenta de que me estoy muriendo, que esto que tengo no es una enfermedad sino una agonía.

El coronel no habló hasta cuando no terminó de almorzar.

-Si el doctor me garantiza que vendiendo el gallo se te quita el asma, lo vendo en seguida -dijo-. Pero si no, no. Esa tarde llevó el gallo a la gallera. De regreso ncontró a su esposa al borde de la crisis. Se paseaba a lo largo del corredor, el cabello suelto a la espalda, los brazos abiertos, buscando el aire por encima del silbido de sus pulmones. Allí estuvo hasta la prima noche. Luego se acostó sin dirigirse a su marido.

Masticó oraciones hasta un poco después del toque de queda. Entonces, el coronel se dispuso a apagar la lámpara. Pero ella se opuso.

-No quiero morirme en las tinieblas -dijo.

El coronel dejó la lámpara en el suelo


Es que a lo largo de la vida cada uno aprende a desear una muerte a su manera.

La Retórica Burocrática


En El Coronel no tiene quien le escriba, Gabriel García Márquez hace un relato de la decadencia humana y la indolencia burocrática, en un pueblo innominado de la selva caribeña.

Un coronel retirado, ex combatiente en una guerra fratricida, espera inútilmente una pensión de veterano. Perdido entre los vericuetos y la retórica de la administración pública yace su expediente. El coronel, con ansiedad y desazón, espera la llegada del correo todos los viernes en el muelle de su pueblo. Quince años de la misma rutina esperando una carta que lo confirme como pensionado.

El coronel y su esposa viven rodeados de la esperanza en una pensión que no llega y en el recuerdo de un hijo asesinado por revolucionario, del que solo les queda un gallo de pelea al que alimentan con el fin de hacerlo pelear tres meses después, en la temporada de gallos, para recibir dinero de las apuestas.

Sin otro medio de subsistencia que la venta de artículos caseros y con la remota ilusión del triunfo de un gallo que si tiene sus alimentos al día, a diferencia de sus dueños, al coronel y a su esposa solo les queda lidiar con sus enfermedades, su dignidad marchita y el progresivo deterioro de una ancianidad en la pobreza.



El Coronel destapó el tarro de café y comprobó que no había más de una cucharadita. Retiró la olla del fogón, vertió la mitad del agua en el piso de la tierra, y con un cuchillo raspó el interior del tarro sobre la olla hasta cuando se desprendieron las últimas raspaduras del polvo de café revueltas con óxido de lata.

Mientras esperaba a que hirviera la infusión sentado junto a la hornilla de barro cocido en una actitud de confiada e inocente expectativa, el coronel experimentó la sensación de que nacían hongos y lirios venenosos en sus tripas. Era octubre. Una mañana difícil de sortear, aun para un hombre como él que había sobrevivido a tantas mañanas como ésa. Durante cincuenta v seis años -desde cuando terminó la última guerra civil- el coronel no había hecho nada distinto de esperar. Octubre era una de las pocas cosas que llegaban.

Su esposa levantó el mosquitero cuando lo vio entrar al dormitorio con el café. Esa
noche había sufrido una crisis de asma y ahora atravesaba por un estado de sopor.
Pero se incorporó para recibir la taza.

-Y tú -dijo.

-Ya tomé -mintió el coronel-. Todavía quedaba una cucharada grande.

En ese momento empezaron los dobles. El coronel se había olvidado del entierro.

Mientras su esposa tomaba el café, descolgó la hamaca en un extremo y la enrolló en el otro, detrás de la puerta. La mujer pensó en el muerto.

-Nació en 1922 -dijo-. Exactamente un mes después de nuestro hijo. El siete de abril. Siguió sorbiendo el café en las pausas de su respiración pedregosa. Era una mujer construida apenas en cartílagos blancos sobre una espina dorsal arqueada e inflexible. Los trastornos respiratorios la obligaban a preguntar afirmando. Cuando terminó el café todavía estaba pensando en el muerto.

“Debe ser horrible estar enterrado en octubre”,dijo. Pero su marido no le puso atención. Abrió la ventana. Octubre se había instalado en el patio. Contemplando la vegetación que reventaba en verdes intensos, las minúsculas tiendas de las lombrices en el barro, el coronel volvió a sentir el mes aciago en los intestinos.

-Tengo los huesos húmedos -dijo.

-Es el invierno -replicó la mujer-. Desde que empezó a llover te estoy diciendo que duermas con las medias puestas.

-Hace una semana que estoy durmiendo con ellas.