sábado, 6 de marzo de 2010

Cuenta Regresiva




Ya están en la alfombra roja y la decisión final ya debe de estar tomada.




El llegar hasta allí es ya un triunfo para una industria tan irregular como la nuestra y debería de servir como estímulo para el desarrollo del cine nacional




Esperaré el veredicto con ansiedad

El Secreto de Sus Ojos


Esta semana vi la que acaso es la competidora directa de nuestra Teta Asustada en la entrega del Oscar de mañana, si es que deciden dar el premio a una película en castellano.


El Secreto de Sus Ojos, es una obra argentina, a decir de mi amigo Iván Thays, de un autor argentino, que como los escritores de su país, todos son muy peinaditos (léase: ordenados) y a los que no les sobra ni una coma, podría extrapolar tal concepto a esta película.


Es un thriller policial, trabajado en saltos temporales. Corren en paralelo dos momentos de la vida de Benjamín Espósito: el presente donde es un emplado jubilado de un Juzgado Penal que decide escribir una novela; el pasado, la reconstrucción de pasajes críticos de su vida que son la base de la novela que escribe. El tema escogido es un crimen que fue un caso en la oficina del juzgado y que marcó su vida y la del resto de empleados del despacho judicial. Pero Espósito no decide inventar una trama, decide hacer una investigación para esclarecer los hechos ocurridos que quedaron sepultados en un lodo de medias verdades. Era 1974 y la Argentina de ese entonces se sumergía en el fango de la dictadura y los comandos de aniquilamiento. La fractura social fue enorme.


Pero no es la única deuda que debe de zanjar Espósito, está la suya propia, con su vida sentimental truncada por el devenir de las circunstancias del aclaramiento del mencionado crimen. En esa época, reconstruída a base de flashbacks, que sirvena además como develadores de misterios propios del género policial, se ve un Espósito débil para afrontar sus coyunturas personales. Nunca tuvo la valentía de encararlos. Ha regresado entonces a ver a sus amigos del juzgado, los que quedan, para saldar cuentas.

La trama se va revelando por planos y laberintos, con varias vueltas de tuerca hasta el momento final. A lo largo de toda la película se van dejando pistas y se van entrelazando las vidas intimas de los personajes, la realidad oculta en el trabajo de un juzgado y como telón de fondo la situación política de la nación, convulsa, agrietada y oscura.

La venganza, la componenda y la violencia se imponen inicialmente a los sentimientos y valores, al menos temporalmente. Al final, una vez que la trama queda desenvuelta hay una revancha moral, un enigma aclarado y un happy end que es mejor dejar en suspenso para no malograr el sentido del policial.

Sin embargo, la película no me llena completamente por perfecta, todo está en su sitio, está peinadita y sincronizada, pero se le nota el truco ya que todo queda explicado y las intenciones se hacen explícitas para que nadie pregunte al final de la película ¿qué pasó?.

Una película festivalera, entretenida y cumplidora, pero que pudo alcanzar el vuelo de otras notables películas argentinas.

The Hurt Locker







Es mi apuesta contra Avatar, que me resisto a verla y creo que conociéndome no lo haré.



Es Bagdad, territorio de ocupación de las fuerzas aliadas. Es el terror incrustado en cada minuto de la vida, la tensión constante de una mina reventando a la vuelta de la esquina.



Un robot explora la existencia de minas fuera del Green Area de Bagdad, minutos antes hemos leído que el ímpetu de la batalla es tan potente que provoca adición, la droga es una droga. Minutos después muere el jefe de la compañía por una detonación inducida desde un celular.



El reemplazo es William James, experimentado y obsesionado con la desactivación de bombas. Nada lo detiene, es impulsado por su adicción al peligro y coloca a sus colegas de la Compañía Bravo en peligro constante.



Tiene una cualidad escalofriante para desactivar las bombas mas complejas y crueles, pero puede conmoverse con el uso de niños bomba y termina de quebrarse con la explosión, de una bomba que no logra desactivar, de un suicida arrepentido.


La vida en esa zona depende de los cables del detonador, es un hilo tenso y tenue, que a la larga no tiene valor y que no sabemos si existirá esa capacidad para trascender mas allá de la muerte.



La misión de James llega a su fin y regresa a casa a reencontrarse con su familia, con su hijo, aún infante, lo único que ama y continuación de su vida. Desconcertado de su vida de civil, no sabiendo que cereal escoger en una gigante estantería de supermercado, él que puede escoger desactivar el dispositivo apropiado, decide enlistarse nuevamente hacia Irak, caminar hacia su destino, la desactivación de bombas y la salvación de otros hombres y acaso la suya propia

El Hombre Pórtatil


Por muchos años uno puede vivir pensando ser una persona portátil. No echar raíces y hacerse nómade, o mejor dicho un turista en su propia ciudad. Para cumplir con ello uno se llena de adminículos: laptops, walkmans, discmans, handbooks, pocket books, backpacks, swiss army knives, y todo lo que hace que uno pueda llevar su casa donde quiera que se transporte. Pero siempre hay un límite marcado por las emociones, la necesidad de afectos y de comunicación. El vacío se puede agrandar como un airbag y comprimir la vida hasta hacerla asfixiante.


Tal es la sensación que me produjo al ver Up in the Air, la última película de Jason Reitman. La historia de un experto en despidos laborales, eficaz en romper los lazos de trabajadores y empleadores. Un individuo que se ha encargado de hacer casi lo mismo con su vida personal, ha roto todos los vínculos afectivos con el resto, en la superficie se le percibe como frío, calculador y despreocupado. En la superficie.


Acrecienta este comportamiento la naturaleza de su trabajo, se la pasa volando por la casi totalidad de los estados de la Unión, despedir gente en la era de la mayor crisis financiera de los Estados Unidos. Las imagenes de oficinas vacías desprovistas de muebles, cementerios de mobiliarios de oficina, trabajadores angustiados y teléfonos desconectados le dan forma al desamparo de la crisis financiera. Para ello, Ryan Bingham (George Clooney) ha elaborado protocolos rígidos que cumple a la perfección, gracias a una práctica repetida y constante: armar su maleta, como hacer el check-in, como atravesar las salas de embarque, como conseguir el mejor alojamiento o la compañía de alquiler de auto. Su meta no es ascender en su trabajo, ya que parece satisfecho con lo que hace, sino conseguir un upgrade como viajero frecuente: alcanzar la mayor categoría en American Airlines, un valor premiun a su fidelidad, y que pocos han alcanzado -sólo 6 en la historia- a alguien que se encarga de quebrar la fidelidad de todo trabajador con su empresa, un valor muy preciado en el mercado laboral norteamericano.


Ryan está solo y lo disfruta, pero poco a poco se da cuenta que su actitud tiene un precio por el que hay que pagar. Viviendo a miles de pies de altura y una velocidad distinta a la superficie terrestre, las vidas de los otros se van acomodando convencionalmente, tal como la sociedad manda: emparejarse y formar una familia, por ejemplo. Mientras que él ve como los demás se desplazan por los caminos de la vida, él continúa solo. Esa relatividad descrita por Einstein, que hace que el tiempo sea elástico según la velocidad de movimiento del cuerpo que se desplaza, juega contra él y le refleja como en un espejo toda su soledad y vacío. Las cortinas van cayendo y su realidad se va desplomando con los cambios que ocurren en su propia empresa. Su jefe, una persona sin escrúpulos amenaza con una reingeniería de la empresa. Por otro lado, Ryan ve perder su equilibrio en su casa, un lugar semivacío y que casi nunca visita: el alejamiento de su vecina, con la que tenía una relación ocasional, está inmersa en una relación estable. Se da cuenta que ya nadie lo espera, que nadie cuenta con él, incluso sus hermanas.


El destino, o mejor dicho la reingeniería, lo hace "adoptar" una joven promesa, la promotora de la reingenieria de su empresa. Una chica summa cum laude, Natalie Keener, convencional, inexperta pero avezada. Para demostrarle que el Método Bingham, ortodoxo y con contacto humano es mejor al moderno y frío de una webcam, Ryan decide llevar a Natalie a un viaje de inmersión de cómo despedir personal. Natalie, deseosa de casarse y tener una familia, acepta el reto y en su viaje de entrenamiento aprende más que protocolos de trabajo, aprende las complejidades y contrastes de la vida misma. Es abandonada por su novio a través de un SMS. Por otro lado, en realidad a Ryan no le interesan los cambios propuestos por Natalie quiere demostrarle que su "sistema" es el mejor y deba de quedar vigente. Para Natalie es su primer trabajo, la posibilidad de que su primer proyecto tenga éxito y que pueda formar su propia familia.


Durante una de sus múltiples escalas, en las salas de hospitalidad de pasajeros premiun, Ryan conoce a su versión femenina -"soy como tú pero con vagina" le dice Alex (Vera Farmiga)- y pasando de la atracción inicial y del muestrario de la colección de gadgets de clase ejecutiva, toda esa parafernalia exclusiva para viajeros frecuentes, inician una relación, sin ataduras, sin pesos y donde se utiliza esta analogía con las charlas motivacionales que hace Ryan por todos los Estados Unidos "¿Qué cargas en tu Mochila?". Su filosofía se basa en cómo nos deshacemos de nuestros pesos y ataduras con la vida, del desapego total.


Pero en un momento determinado las turbulencias de la vida inducen a un aterrizaje forzoso, Natalie comete errores serios con su proyecto, Ryan se involucra sentimentalmente con Alex, las hermanas de Ryan afrontan una crisis de pareja en sus respectivas relaciones y piden coyunturalmente el apoyo de Ryan para salvar la estabilidad familiar, por primera vez Ryan se convierte en el hermano que apoya, que pisa tierra.


Ryan en la superficie libera sus sentimientos y afectos, ya que desde el cielo, observa cada ciudad con su fisonomía particular, con una personalidad y un color, a pesar de que todas las ciudades norteamericanas tienen un mismo patrón. Vistas aéreas desprovistas de seres humanos, o al menos muy pequeños y distantes para notarlos. Eso debió de entenderlo Ryan. Luego de la encrucijada de situaciones, ningún ser humano puede ser tan aséptico a las vicisitudes que impone la vida y decide dar un golpe de timón que no contaré.


Es allá arriba en el cielo, desde la ventanilla del avión mirando el horizonte, que podemos diferenciar lo que dejamos en la superficie y que al pasar el techo de nubes encontramos aquella luz del sol que todo lo invade. Es ver esos paisajes afuera silentes e incomprensibles por su inmensidad, acompañados por el persistente siseo de las turbinas y el aire acondicionado, lo que nos mantiene aparentemente suspendidos en el espacio, flotando con nuestras ideas, pero en constante movimiento, planificando un futuro incierto.

Es la escena final, para mí memorable, de un Ryan sonriente y redimido, habiendo alcanzado su meta de 10 millones de millas voladas y mencionado que era menos excitante de lo que imaginaba. Está parado ante el panel gigante de llegadas y salidas, dueño de sí mismo, ha entendido que no solo dar es mejor que recibir sino que uno es dueño de su propio destino, aunque suene a frase hecha.


La soledad, hecha de adminículos que vamos juntando en la vida, no siempre es una compañía suficiente.

jueves, 18 de febrero de 2010

Sensei no Kaban


Fuente: Manga News

Se oscurece el mar.

Las voces de los patos,

son vagamente blancas
Basho


Por alguna razón los traductores o los editores en castellano colocan títulos a las obras que por vendedores hacen que la obra pierda el significado original del autor. El caso más patético se ve en el cine, donde algunas películas quedan sepultadas bajo un nombre infame.

Sensei no Kaban, es el título original de la novela de Hiromi Kawakami llamada en castellano como El Cielo es Azul, La Tierra Blanca Una Historia de Amor (Acantilado, 2009). Consulté con un amigo japonés sobre el significado del título: me confirmó lo de sensei, que es maestro, pero me sorprendió acerca de kaban, que no solamente significa maleta, como se mencionó en otras reseñas del libro, sino que da la idea de todo contenedor de objetos personales. Tal aclaración me hizo pensar en la riqueza semántica de ciertas palabras en determinado idioma y como presentan una gran dificultad durante la traducción. Caso parecido es el de la novela Der Vorleser de Bernhard Schlink, traducida como El lector pero que significa en realidad: El que lee en voz alta.




La lectura de esta novela me transportó a un jardín de cerezos a recrear la historia de amor entre una joven y su antiguo maestro para mostrarnos los imbricados caminos del enamoramiento.





Oficialmente se llamaba profesor Harutsuna Matsumoto, pero yo lo llamaba "maestro". Ni "profesor ni "señor". Simplemente, maestro. Me había dado clases de japonés en el instituto. Puesto que no fue mi tutor ni me entusiasmaban sus clases, no conservaba ningún recuerdo significativo suyo. No había vuelto desde que me gradué.



La historia, narrada en primera persona por la protagonista, Tsukiko Omachi, se inicia con el reencuentro en una taberna de el ex profesor y la ex alumna, dos adultos solitarios. A medida que pasan los minutos ella descubre, y acaso también él, que tienen los mismos gustos. Desde entonces se suceden encuentros que perfilan la personalidad de los personajes. Él una persona mayor, rígido en sus costumbres, con un permanente aire didáctico, que en casa adorna su soledad con decenas de artilugios. Tiene la clara intención de abrigar su presente con el remanente del pasado. Un ejemplo de ello es la memorable escena de las pilas oxidadas, cada una lleva una leyenda pegada que denota la función que desempeñaron mientras eran útiles: en una calculadora Casio, en una linterna durante el tifón de la bahía de Ise, en una radio, etc. Para el Maestro, los recuerdos se cosifican y adquieren vida propia mas allá de su propio presente, pero existe uno, tan grande como el mar, tan encrespado como sus olas, que está activo y golpeando su monolítica soledad.




Tsukiko, en cambio, una distraída alumna de japonés en su momento, hoy es treintañera, soltera y solitaria. bebe sola, se emborracha sola, se divierte sola. Vive para trabajar y hace un tiempo ha dejado los viajes internacionales con las amigas, acaso por agotamiento o porque todas ellas hicieron sus propias vidas. Entonces, la vida de Tsukiko adquiere el anodino tono del presente: trabajar, comer, beber, dormir. Entre esos momentos le quedan espacios de introspección acompañada de la melancolía del crepúsculo.




Encuentro tras encuentro, no necesariamente diario ni siquiera semanal, en una taberna y acompañados de botellas de sake y platos en base al sillao ambos atraviesan las barreras que franquean sus vidas, que como papel de arroz se abren blandas, y muestran sentimientos escondidos y rotulados, recuerdos anotados como las pilas oxidadas del Maestro Matsumoto. Él, propina coscorrones conceptuales a Tsukiko con la intención de enseñarle algo más que lecciones olvidadas del instituto: el reconocimiento de variedades de setas, el significado del karma o las interpretaciones de los haikus. El Maestro le está enseñando los abismos y las cumbres de la vida utilizando como ejemplo la suya propia. En ese andar, de mostrarse como realmente es, va liberando poco a poco sus ataduras hasta enamorarse de Tsukiko.










Las olas susurran.

La carne de pulpo

tiene un tono rosado


Entre las tabernas y los paseos, entre la playa y la estación lluviosa, entre el sake caliente y las comidas exóticas, se va construyendo el vínculo entre ambos, y como dijo el Maestro la carne transparente del pulpo al cocerse se vuelve blanca, pero justo antes de eso adquiere un tono rosado, metáfora del instante de la epifanía del amor. La revelación ocurre durante una tormenta, donde no se conoce si el miedo de Tsukiko se debe a los truenos y relámpagos o la revelación abierta de su amor y un abrazo es capaz de calmarlo todo.

Para llegar a este punto se han tenido que sortear varias pruebas, el acoso de un amigo de Tsukiko, la atracción del Maestro por una atractiva colega, su diferencia de edades, pero sobre todo la cicatriz del duelo no resuelto del Maestro, abandonado por su mujer a causa de un amante, y al alejamiento de éste, por el consuelo de nuevos amantes, por ese amor que persistió a pesar del engaño y la muerte.


Pero cuando se oscurece aquel mar de la vida, las voces blancas de un sincero amor pueden cerrar definitivamente las heridas y se está listo para empezar de nuevo: a querer, a vivir, a reencarnarse en el ser amado.

Pero Tsukiko quiere poner una prueba mas, se aleja para vislumbrar la fuerza de su amor, si es débil se marchitará como le decía su abuela, por eso esquiva los encuentros con el Maestro, porque ella es así, un poco cabeza dura, reservada e insegura, a pesar de la imagen que proyecta, muy propia de su universo femenino, hecho de cosas no dichas, de detalles y de sentimientos escondidos a la percepción masculina. Sin embargo, el tiempo que conserva el amor sincero según la abuela de Tsukiko, logra que la pareja se reuna, esta vez despejando los temores de ambos, a empezar una nueva relación y a la cercanía de la muerte.

La novela es una historia de amor cantada desde el título y desde el inicio, edulcorada por moementos pero conmovedora. Un profesor otoñal y retirado con una joven aún llena de dudas, son unidos por el amor, vínculo tibio, placenteero y raspaso, como el sake caliente que toman en las tabernas, que más allá de la muerte se convierte en un legado, como todo el contenido y el vacío que permanece en el maletín del Maestro.
He recorrido un largo camino,
el frio penetra mi ropa gastada.
esta tarde el cielo está despejado
¡cómo me duele el corazón!

miércoles, 3 de febrero de 2010

Cul de Sac


Escribo en una noche de luna llena.

Escudriñar el cielo para descubrir las proteicas formas de las nubes, para explorar la simetría estelar y establecer coordenadas celestiales, puntos de referencia de nuestra vida en la tierra. Es lo que hacen algunos nerds mientras no estudian,

El Fondo del Cielo, la última novela de Rodrigo Fresán trata sobre aquellos nerds que miran el cielo y para suplir las carencias de los vínculos sociales. El futuro y la ciencia son para ellos una fantasía que les permite seguir viviendo pero están muy anclados al pasado como para levantar vuelo. El Fondo del Cielo está narrada desde distintas dimensiones, tanto literarias como argumentales. Como dice su autor es una novela con ciencia ficción y no de ciencia ficción. Una novela pop con cientos de referencias y guiños a la cultura del siglo XX, salvo una alusión al pasado remoto y eterno de la Divina Comedia de Dante.

La novela posee diversas trayectorias, una lineal y otras elípticas. Comencemos por la lineal: la historia de los Lejanos, pequeños freak, con alguna limitación física o mental para encajar dentro del promedio. Isaac Goldman, hijo de un rabino desquiciado y suicida que queda desamparado, y Ezra Leventhal, usuario de dispositivos ortopédicos que solo rehabilitan una anomalía en ambas piernas, hijo de una familia de comerciantes que adopta a Isaac. Parias infantiles unidos por la ciencia ficción. “Para Ezra, la ciencia ficción era un arma. Para mí, un escudo”, dice Isaac en una introducción de su vida. Incapaces de mayores vuelos sociales aterrizan en los engranajes del mimeógrafo para expresar sus fantasías sobre un futuro febril y atípico. Lanzan la revista Planet, punto de partida de la formación de Los Lejanos, grupo de a dos y equidistante de todas las corrientes futuristas.


Si el pasado es un país extranjero, entonces el futuro es una estrella lejana. Y por entonces, éramos tantos los que queríamos alcanzarla y clavarle la bandera de nuestro nombre.

Como R2D2 y C3PO, los Lejanos viajan estelarmente con sus relatos. En su camino, adoptan a Jefferson Franklyn Washington Darlingskill, hijo único del dueño de una tienda por departamentos, inútil en talentos y pobre en empatías, también un paria pero deseoso de insertarse en la sociedad. La adopción es por conveniencia, es el niño con dinero que provee de comics, libros y entradas al cine. A cambio, Los Lejanos lo aceptarán como tercer miembro y no revelarán su condición de rico. El otro motivo es que JFW es sobrino de Phineas Darlingskill, un oscuro escritor de culto, a quien van a conocer en su lecho de agonía. Allí conocen a Ella, una joven tan linda como rara y ajena al común de las freaks de ciencia ficción. Y allí ocurre la primera explosión, los Lejanos se enamoran de Ella y el amor es correspondido pero para los dos. Ella, de la que no conocemos su nombre, se convierte para los Lejanos en su centro de gravedad, en el Monolito que cambia sus vidas como el tótem de granito de la película 2001 Odisea del Espacio, uno de los íconos recurrentes en la novela.

Sin embargo, hasta las galaxias más grandes llegan a su fin. Ella es abducida por una fuerza inexplicable para los Lejanos y desaparecerá de sus vidas. Para despedirse y consolidar su amor, Isaac y Ezra una fría tarde forman una gigante bola de nieve frente a la casa de Ella, crean un planeta helado y un ejército de hombres de nieve como símbolo de la utopía de este triangulo amoroso. De ese amor imposible quedan los recuerdos y una gastada foto, con unos adustos Lejanos y con Ella sonriendo a la cámara. A partir de entonces este Bing Bang humano dispersa a los Lejanos y a Ella. Isaac se convierte con el tiempo un escritor de ciencia ficción, alimentador de tramas para series tipo Star Trek o películas que ofrecen un guiño a Blade Runner, y vivirá como albacea literario de un viejo escritor de ciencia ficción, Wilbur Zack (Philip K Dick?), envejeciendo con el recuerdo de los Lejanos y de Ella. Ezra, al poco tiempo de la ruptura, se convierte en un científico de los servicios secretos que crea la bomba atómica y pergeña otros avances destructivos tomando como base un documento hecho en su adolescencia Manual de Instrucciones de Destrucción Planetaria firmado como Arcano Rex de la Vía Láctea, mantiene una comunicación distante y esporádica con Isaac hasta el encuentro final un encuentro final el 11 de Setiembre del 2001, en una de las Torres Gemelas, una transmisión borrosa en el instante que uno de los aviones impacta una de las torres.

Flotando como una estación espacial abandonada queda un testamento literario, la novela Evasión, de autoría incierta.

Tal vez por ser lanzada desde Mullholland Drive y no de Cabo Cañaveral, El Fondo del Cielo alcanza otras órbitas de vuelo, los capítulos restantes giran a modo de momentos, relatos y visiones desde los otros personajes, incluso una transmisión interestelar desde Urkh 24, de Aquel-Lugar-Donde-Se-Dejan-Oír-Las-melodías-Más-Desconsoladas. El tiempo absoluto que conocemos en la Tierra no es conocido en esta segunda lectura, no existe como tal, se contrae y expande para mostrarnos diferentes vistas de un pasado que no sabemos si ocurrió realmente o existió en la visión de los personajes.


Y, llegado este punto, siempre me encantó esa costumbre tan humana, tan primitiva, tan infantil, de preguntarse “¿qué hora es? O “¿en qué día estamos?”. Y enseguida responderse con las más absurdas abstracciones. Con números.
Y sentirse tan satisfechos

Y es que viajando a la velocidad de la luz, el tiempo varía según el observador y el presente puede hacerse futuro, el pasado presente o todo puede haber ocurrido en un instante. Al final nuestra historia es sólo un parpadeo del universo. Un Ping Nang que todo lo expande, arrasando con los acontecimientos y los recuerdos. Por eso es posible conocer al último habitante de UK 24, transmitiendo sus últimos instantes y frustraciones por no haber pisado la Tierra a pesar de habernos observado desde nuestros inicios. No sabremos si esta agonía ocurre en tiempo real o lo que estamos observando actualmente ocurrió hace ya varios años. Paradojas de la relatividad del tiempo y el espacio.


El tiempo es-todo el tiempo- todos los tiempos al mismo tiempo

Como corolario, quedan las revelaciones de Ella, colores interestelares puestos en una paleta, como en el cuadro de Roto, Yellow and Blue on Orange. Ella que terminó en otra historia, sacrificando su utopía amorosa con los Lejanos y aplacando la venganza de Jeff contra la humanidad casándose con él para evitar el fin del mundo y al mismo tiempo aplacando la ansiedad de sus padres al casarse con un joven millonario. Ella, que cumplió su destino estelar, acaso obedeciendo los designios del último habitante de Urkh 24. Ella, la chica rara, la del estado en trance, de sueños vívidos, la que mezcla colores en su mente y que escucha voces, la que recibe continuos electroshocks decide abducirse del mundo. Ella, la autora de Evasión que desde su espacio mantiene contacto con Isaac y Ezra en el recuerdo, el eterno y efímero recuerdo de su planeta helado.

Y es que El Fondo del Cielo, trata sobre eso: El Amor que nunca despega como las naves de Urkh 24, el Amor que viaja por todos los tiempos y, de los recuerdos de tres planetas (Ella, Isaac, Ezra) que fueron sacados de su órbita y viajan por el espacio como estrellas divagantes desde el Bing Bang hasta el fin del mundo en 7,590 millones de años. Y entre ambos, las transmisiones de sus recuerdos, saltando como partículas elementales, rebotando de una antena a otra al infinito, al fondo estelar. No es gratuito acaso que una de las canciones de la novela sea All You Need is Love de The Beatles, utilizada para la primera transmisión vía satélite en la historia.

Al escudriñar entonces allá arriba, en el fondo del cielo, es que buscamos en ese fondo de saco etéreo el sedimento de nuestras más íntimas emociones y recuerdos.

El Silencio Narrativo

En la vida existen espacios en blanco. Lagunas mentales que ahogan nuestros recuerdos o diálogos no realizados. El silencio coloquial puede ser cómplice, amistoso o perjudicial. Los seres humanos hemos creado una serie de códigos para entendernos, una función cerebral considerada superior: el lenguaje.
Pero algunas veces podemos perder esa capacidad de expresarnos, esa involuntaria pérdida es llamada Afasia.

Invisible, es además de lo mencionado anteriormente, una novela sobre la incapacidad de expresar de su protagonista, es una afasia, es lo que callamos. Por eso, una de las protagonistas no en vano es una logopeda, es decir una terapista de lenguaje. La novela discurre entre situaciones que se callan, que se piensan pero que no se expresan, intenciones soterradas. La venganza de Walker, las actividades de Born, el amor de Cecile, los afectos no correspondidos.

La Afasia no es una función unilateral pues depende de la integración de varias regiones cerebrales y una persona que ha dañado parte o la totalidad de los circuitos puede presentar distintas variedades de afasia:

  1. Afasia de Broca, el déficit primario es en la expresión, ya que se conserva la capacidad de comprender lo que se escucha. La persona afectada es incapaz del lenguaje verbal y a veces del escrito a pesar de que comprende el mensaje que recibe, por ello sufre de una gran frustración. en sus formas más leves el lenguaje está restringido a 10 estereotipos verbales por minuto en lugar de los 100 normales.
  2. Afasia de Wernicke, comprende dos elementos: una incomprensión casi total del lenguaje que escucha o el que lee y una expresión pero una expresión que a pesar de parecer fluida y articulada es inconexa e incomprensible con el estímulo, a esto se denomina parafasia, es decir hablar cosas que no viene al caso con la conversación. Al no entender nada, la persona no se da cuenta de su desorden.
  3. Afasia Global, debido a una destrucción de las dos áreas anteriores en la cual el paciente entra en un mutismo generalizado, ni entiende ni se expresa.
  4. Afasia de Conducción, es un trastorno donde hay una ruptura entre la conexión auditiva y motora (expresiva) del lenguaje, en la cual el paciente habla palabras inconexas y sin significado. existe una comprensión mínima del lenguaje escuchado y una repetición de la misma palabra, una especie de aliteración fonética.

Walker calla lo que ve y lo que siente o lo expresa a través de otras voces, es un afásico social, que puede haber lanzado algunas ideas inconexas sobre lo que vivió o pensó que vivía. Sus historias en segunda o tercera persona acaso sean distorsiones de una realidad que entendió mal o recordó difusamente. Los demás personajes, como en el gran teatro del mundo que es la vida, también viven sus pequeñas afasias, nuestros pequeños silencios cotidianos.

Ya que lenguaje y memoria son funciones superiores, los circuitos se intercambian, se funden o se separan. Una esencia de la ficción narrativa, el creernos y vivir de nuestras mentiras literarias.

Una afasia narrativa y selectiva.